Ahogados

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       Mientras el río más caudaloso de España ha anegado 45.000 hectáreas de cultivo y ha causado terribles destrozos, los agricultores de la provincia de Alicante seguimos a la espera de que nos llueva algo. Tras un 2014 que pasará a la historia como el más seco desde hace dos siglos, febrero tampoco nos ha sonreído. Las pocas gotas que nos han caído, han sido muy inferiores a las de un año normal.

     No estamos viviendo nada nuevo. Una vez más, observamos los contrastes que se producen en nuestro país, dividido en una zona húmeda y otra excesivamente seca. Por ello, resulta imprescindible encontrar soluciones efectivas y realizar un reparto del agua razonable. Llevamos toda la vida reclamándolo sin que nada se haga. No comprendo lo que sucede aquí con los trasvases. En Francia, EEUU e incluso naciones de Latinoamérica, no tienen problema en desplazar el líquido elemento allí donde es necesario. ¡Estamos años luz respecto a ellos! Está claro, somos el Tercer Mundo en el tema del agua.

     El último Plan Hidrológico Nacional proyectado, que tanto nos gusta a los empresarios agrícolas, era justo lo que necesitábamos todos los ciudadanos, tanto los de la España húmeda como los de la España seca. Contemplaba la ansiada y polémica toma de Cortes de Pallás y, por supuesto, el Trasvase del Ebro. En total, hubieran cedido 1.000 hm3 máximos para Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Almería. El Segura hubiera recibido 430 hm3, 300 el Júcar, 90 Almería y 190 Cataluña. La cuenca cedente hubiera recibido gran parte de los 950 millones de euros que iban a destinar a la modernización de regadíos. Estas obras hubieran impedido inundaciones tan atroces como la que estamos viviendo.

     Los cálculos antes mencionados, se realizaron en 2001, pero, desde entonces, nada hemos avanzado. Estamos peor que antes porque en unas zonas no cae ni gota, mientras que en otras se ven desbordados. La llegada al Gobierno del señor Rodríguez Zapatero supuso un varapalo para todos los empresarios agrícolas del sudeste peninsular. Hoy, vemos como su decisión unilateral de derogar el trasvase del Ebro y el PHN sigue pesando. Indignó que no tuviera en cuenta el consenso que tanto esfuerzo había costado conseguir y que puso de acuerdo a los gestores del agua (representantes de las comunidades de regantes) y los verdaderos usuarios (los agricultores) de las distintas provincias.

    Las terribles inundaciones de Navarra, La Rioja y Aragón evidencian que es necesario realizar todas las infraestructuras necesarias. También urge que deje de politizarse el tema del agua y que deje de abordarse con tan poca responsabilidad. Ahora nos ha dado por decir que los ríos son nuestros. Hasta los catalanes independentistas lo han afirmado. No me lo explico, si este río sólo pasa por su autonomía en determinados trechos. ¡¿Estamos locos?! Tampoco hablamos de ninguna obra faraónica, como se ha repetido. En realidad, el trasvase del Ebro es una infraestructura de imperiosa necesidad y debe ejecutarse con la mayor brevedad posible.

     Eso sí, todos los empresarios agrícolas deseamos que fijen los caudales ecológicos de manera objetiva. Dependemos de los ríos y no queremos que sufran ningún daño, pero es absurdo desperdiciar tantos litros. No es lógico que fijen límites a partir de los cuales no se puede trasvasar y que éstos sean tan elevados que se vean rebosados cuando caen dos gotas. Es necesario planificar una distribución ordenada para mantener el correcto funcionamiento de las aguas superficiales. No atender los informes elaborados basados en criterios técnicos objetivos no contaminados por voluntades políticas trae consecuencias muy graves.

     Hay quien dice que donde no se registran precipitaciones, no se debería de plantar. No es cierto. La agricultura del sureste es la más dinámica del país gracias a nuestro clima y nuestra tierra. Genera empleo y riqueza. Por tanto, hay que llevar el agua donde es necesaria, pero para ello es necesario que al frente de los gobiernos municipales, autonómicos y nacionales no se sitúen políticos de mala gestión. Observamos como las desgracias suceden por las mentes de poca visión. Nos prometieron más agua, más rápido y más barata. Nada de esto se ha producido. Todo fue mentira. Invirtieron auténticas barbaridades de dinero en desalinizadoras hoy paradas. Vemos como el tiempo pone a cada uno en su sitio y hoy queda demostrado que no actuaron con responsabilidad. Sin agua, moriremos. ¿De verdad queremos exterminar un sector que siempre ha sido clave para nuestra economía y lo que no sé si es peor o igual de malo, tener que recurrir sólo a lo que nos llegue de Terceros Países, donde no se produce siguiendo las mismas normas de calidad alimentaria? ¡No hay derecho! ¿Es acaso lo que nos merecemos los agricultores, ganaderos y los consumidores de este país?  Moraleja: necesitamos el Trasvase del Ebro ya, pero tienen que producirse daños muy graves, que lleven a los agricultores y ganaderos a la ruina, para que seamos capaces de verlo en España.