Aldeas para el siglo XXI

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   La profesora compostelana señaló a Efe que los habitantes de cualquier ciudad son "cien por cien dependientes de todo", comida, agua, electricidad… mientras que en las aldeas recuperadas todas estas necesidades son generadas "in situ", con recursos propios y, en una década, "prácticamente gratis".

   El proyecto se denomina ‘De aldeas abandonadas a aldeas del siglo XXI’ y su objetivo no es sólo la rehabilitación de estos lugares, a los que sólo en 2012 se sumaron 60 nuevas aldeas abandonadas en Galicia, sino que la población se asiente en ellas de forma permanente y con una "dependencia cero" del exterior.

   Para la investigadora, es preciso "invertir la tendencia del éxodo rural, con una solución de tipo integral", que cubrirá desde las necesidades habitacionales a cualquier otra demanda, como la energía, el tratamiento del agua, la propia alimentación o la gestión de residuos y su aprovechamiento.

Antecedente en Colombia

   El proyecto tiene su antecedente en la trayectoria del equipo que coordina la física de la USC en la cooperación internacional, un ámbito en el que desarrolló iniciativas que han transformado comunidades marginadas de los avances en este campo en "comunidades energéticamente sostenibles", como el caso de la población colombiana de La Primavera, en una "zona FARC".

   En este caso, sus 1.200 habitantes y los 2.500 indígenas sikuanis de su entorno disponen de electricidad gratuita, un centro de mayores y centro social, viviendas bioconfortables, depuradora, taller de confección de prendas o climatización.

   La constatación científica en que se basan estos proyectos es que cualquier lugar del planeta dispone de energía suficiente para las necesidades de sus habitantes, sea cual sea el lugar y sus potencialidades energéticas, que se canalizan mediante un "mixing" de energías renovables. En definitiva, pasar de la "producción centralizada" a la "producción distribuida".

   Para su aprovechamiento, el equipo compostelano ha diseñado "kits llave en mano", que "se podrán comprar como un electrodoméstico" y con un mantenimiento mínimo, de manera que una potabilizadora "ad hoc" para una vivienda sería como una especie de arcón, como los congeladores actuales.

Conjunto de energías renovables

   En la propuesta que los investigadores plantearán a los alcaldes gallegos se establece un tiempo medio de retorno de entre 10 y 12 años para una vivienda dotada de un "mixing" global (energético, híbrido y de gestión de recursos), compuesto de un sistema eléctrico aislado fotovoltaico-micro eólico, otro de climatización geotérmico, un tercero de extracción y potabilización mixto y uno de gestión de residuos modular.

   A partir de ese momento, todos estos servicios por los que en las ciudades se paga un porcentaje importante de los ingresos, no tendrían prácticamente coste alguno.

   Para López Agüera, el "éxito" de la propuesta vendrá de la explotación de recursos propios, reactivación de la actividad productiva y empresarial de la zona y la "sostenibilidad y reproducibilidad del proyecto".

   De los aspectos negativos de la crisis, la investigadora señala como oportunidades que los jóvenes que han abandonado las aldeas están muchos de ellos en paro y un porcentaje regresaría si ello conllevase un puesto de trabajo en su lugar de origen, y "no necesariamente en la agricultura" y, además, con acceso a una vivienda "mucho más barata" que en cualquier otro lugar.

Puerta abierta a iniciativas medioambientales

   El proyecto abriría las puertas a iniciativas empresariales con una inversión baja, en un contexto de mayor sensibilidad social por el cuidado del medio ambiente y demanda de productos ecológicos.

   En su primera fase, se procedería a una evaluación de los recursos, para después diseñar los modos óptimos de valorización y explotación y, finalmente, proponer actividades sostenibles de creación de riqueza económico-social.

   Los especialistas consideran que, en una situación de crisis, cobra especial importancia el concepto de "resiliencia", la capacidad de resistir un impacto externo, que en estas "aldeas del siglo XXI" sería muy alta, por su autosuficiencia y sostenibilidad.