Asaja alerta de que la subida de la electricidad asfixia al regadío

0
3

EFE.- En un comunicado, la organización agraria ha instado al Ministerio de Industria a reconocer el carácter estacional del regadío, que sólo utiliza el 8 % de la potencia contratada, y a aprobar una normativa que incluya las necesidades reales del sector que más empleo genera en todo el campo español.

   Asaja asegura que cuando "mañana la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir cierre definitivamente las compuestas para el riego, tras la prorroga que se concedió por la falta de lluvia otoñal, habrá finalizado la campaña más cara de la historia del regadío andaluz".

   Según esta organización, la electricidad ha pasado a ocupar el primer lugar de la lista en los costes de una explotación de regadío, superando a semillas, fertilizantes, gasóleo y, en muchos cultivos, incluso a los costes laborales.

   El enésimo incremento de las tarifas de riego del pasado agosto ha disparado los costes de los cultivos de regadío, que superan a los ingresos que obtendrán los agricultores por la venta de sus producciones, ha señalado la organización patronal.

   Así, las cosechas de arroz, de maíz, de algodón y del resto de cultivos que se obtienen en el millón de hectáreas de regadío con que cuenta Andalucía han sido las más caras de la historia.

   Desde que en junio del 2008 desaparecieron las tarifas especiales de riego y se incorporó este sector al mal denominado mercado libre, los regantes han visto aumentada progresivamente su factura energética, que ha alcanzado incrementos medios cercanos al 110 %.

   A partir de dicha fecha y antes de la publicación de la Orden IET/1491/2013 por la que se revisan los peajes de acceso de energía eléctrica para su aplicación a partir de agosto de 2013, los incrementos medios acumulativos de las tarifas eléctricas han sido del 230 %, según Asaja.

   Las explotaciones andaluzas de regadío, que sólo cultivan un millón de hectáreas, el 22 % de toda la superficie agraria útil de la región, generan el 60 % de la producción final agraria y el 55 % de todo el empleo generado en la agricultura.