Cambiar el NO por el SÍ

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      El año que ya termina se ha caracterizado, una vez más, por la imperiosa preocupación por el desempleo. Mientras tanto, qué han hecho los políticos que nos gobiernan para potenciar la creación de puestos de trabajo. De momento, mucho llenarse la boca hablando de distintas propuestas, entre las que ha brillado, por supuesto, la del ‘autoempleo’ y la de creación de empresas.

     Entre tanta palabrería, el empresario real y el emprendedor valiente no encuentran más que problemas y obstáculos para poder hacerlo. Algunos de ellos son, por ejemplo: la cantidad de trabas administrativas y pagos de distintas tasas que hay que soportar (es inviable e indignante que un expediente tenga que pasar hasta por tres consellerias distintas y otras cuantas concejalías diferentes); los impuestos que hay que afrontar (nada equiparados a los ingresos reales); la imposibilidad de hacer modificaciones de proyectos a no ser que se pague una friolera cantidad de dinero; por no ponernos a hablar de las zonas paralizadas, en las que su propietario no puede plantar ni cultivar, porque, durante el pasado boyante de la construcción, pensaron en hacer una carretera o a levantar una urbanización y todo, pese a que no hayan conseguido poner ni una piedra años después.

     Así, los empresarios nos vamos cansando de tanta injustica y nuestros jóvenes, el futuro de este país y de todas las empresas que en él se ubican, lo están padeciendo, en muchas ocasiones, con una absoluta desesperación. Muchos han intentado probar suerte creando un negocio agrícola, pero se las están viendo y deseando para sortear algunos de los principales males que acechan a este sector.

      Entre los problemas más graves destaca el del agua. Hay empresarios agrícolas que no amplían sus negocios porque desconocen con cuánta agua contarán y cuál será su precio. Si les facilitamos que puedan hacer estos números, podrían plantar más, contratar más personas. No deben consentirse las imposiciones para recortarnos el agua y menos de las provincias que nos cuadriplican en cantidades disponibles y que poco o nada han invertido para no desperdiciar los recursos disponibles. También indignan las amenazas de ‘cuentacuentos’ sobre la temible desalinización. Su coste impide que podamos utilizarla para regar, por no hablar de la presencia de boro que aniquilaría nuestros árboles y plantas. Por ello, hay estudiosos que defienden que el agua desalada sólo podrá utilizarse en municipios costeros porque si encima hay que pagar su desplazamiento, apaga y vámonos. ¡Un desastre!

     El otro problema capital se encuentra en los bajos precios en origen.  La estructura de mercado penaliza al productor. Hay 500.000 para vender y cinco para comprar que imponen sus condiciones leoninas, no sólo en cuanto al precio, sino también en cantidades, fechas de entrega, condiciones de devoluciones,… absolutamente todo. Desde luego que como no suavicen sus estrategias, se quedarán sin productos muy preciados en los mercados ¡A ellos también les perjudica nuestro dolor, aunque aún se muestren cortos de miras! Por tanto, hay que avanzar en leyes como la de Mejora de la Cadena Alimentaria para acabar con los ‘abusones’ que se quedan con todos los beneficios de la agroalimentación en detrimento de sus productores y a costa de los consumidores, que pagan 6 veces más de lo que vale el producto en campo. 

      ¿Y qué pueden hacen los Ayuntamientos en materia de agricultura? Potenciar los huertos urbanos, arreglar caminos,… Es lo que los más ‘lanzados’ están haciendo. Creemos que su aportación puede ser mayor. Hemos visto que con voluntad política, todo es posible.  En primer lugar se deben ocupar de que la administración sea más efectiva y de mejorar las actitudes de determinados funcionarios que se sienten más importantes o les cuesta menos trabajo poner trabas a los empresarios agrícolas. Por supuesto, los políticos son los responsables de crear las medidas y el marco adecuado para conseguir que los trabajadores de la administración cambien el No por el Sí al empleo y la creación de empresas. Confiemos en ellos para 2015, a ver si al final de tanto repetirlo, lo piensan un poco y alcanzan a ver la realidad.