Chad: hablar de agua es hablar de vida.

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Los barrios pobres de los alrededores de Yamena, la capital de Chad, no se benefician de los servicios públicos de la ciudad, por lo que la población se abastece a través de pozos de poca profundidad, con alto riesgo de contaminación del agua, o a través de los vendedores ambulantes. Incluso así no hay garantía de que el agua sea potable. El pasado año, 17.000 personas contrajeron cólera en Chad, con miles de casos concentrados en la capital.

Por esta razón, UNICEF junto a la organización Secours Islamique France, comenzaron a construir sistemas de suministro de agua potable en las comunidades más vulnerables de Yamena. Hasta ahora se han construido siete, gestionados por las comunidades en las que se han construido.

La historia de Adoum y su familia
Adoum vive en Dar Salam, un barrio pobre de las afueras de Yamena. Su familia es una de las muchas que se han beneficiado de este sistema de abastecimiento de agua potable. Antes, gastaban gran parte de sus ingresos en comprar uno o dos bidones de agua a la semana, que ni siquiera eran suficientes para su familia.

“Era tan caro que no podíamos comprar agua suficiente para todo, por lo que solo podíamos comprar uno o dos bidones de agua para beber y cocinar. Pero para todo lo demás, como lavar, usábamos agua sucia, y los niños se enfermaban mucho”, cuenta.

Ahora, vive cerca de uno de los puntos de agua y cuenta cómo les ha cambiado la vida: “Mi hija, mis nietos y yo vamos a recoger agua cada vez que necesitamos”, explica.

La comunidad, clave para el funcionamiento del sistema
Mohammed Mohammezen Duma es el Presidente del Comité del Agua en el barrio Dar Salam y cuenta cómo el acceso al agua potable ha mejorado la salud del
El acceso al agua potable y a servicios de saneamiento en Chad está entre los más bajos del mundo. barrio.

“La gente en este barrio nos cuenta historias sobre cómo solía haber muchos casos de diarrea, e incluso de cólera, pero desde que se ha instalado este sistema, no ha habido ningún caso de cólera”, explica Duma.

“Si se habla de vida, se habla de agua, pero no solo de agua en sí, sino de agua potable, y ahora la tenemos”, añade.

Mientras que el agua es gratuita para las viviendas, los vendedores de agua pagan una cantidad mínima, que se usa para el servicio, mantenimiento y potabilización. Así también los vendedores de agua no tienen que viajar tan lejos y pueden vender un producto más saludable.

En el barrio de Habbena, UNICEF y Secours Islamique France lucharon para encontrar un lugar para el sistema de agua. El jefe del barrio, Abbakaka Tidjani, aportó parte de su propia granja.

“Como jefe de este barrio, sé lo importante que es el agua aquí”, añade. “La gente está siempre luchando por el agua, por lo que cedí mi propia tierra para implantar este sistema”, explica Abbakaka Tidjani.

Junto con los sistemas de agua, UNICEF y Secours Islamique France han construido también letrinas públicas en mercados y escuelas. Como los sistemas de agua, la comunidad gestiona las letrinas. La gente paga una pequeña cantidad para usar los servicios, que luego se invierte en el mantenimiento y en jabón.