Patricio Cabezas sumerge en agua una bolsa de plástico y a los tres minutos desaparece y, no contento con eso, después se bebe el agua ante un público que no asiste a un espectáculo de magia, sino a una muestra en Miami del talento innovador de Chile, en este caso enfocado en salvar los océanos.

Cabezas, uno de los cinco socios de Solubag, empresa ganadora este año del premio a la mejor innovación en Latinoamérica que concede Singularity, la universidad de Google, participa hoy en Miami en la ProChile Innovative Summit, junto a representantes de otras 24 empresas chilenas.

La oferta es variada, lo que muestra que, además de minerales, vinos, frutas y salmones, productos por los que Chile es conocido en el mundo, hay otro segmento que va tomando cada vez más peso, como dijo el canciller chileno, Roberto Ampuero, en la inauguración.

El objetivo de Solubag es, más que ganar dinero, reducir la contaminación de los océanos, subraya a Efe Cabezas, quien al igual que sus socios es ingeniero y antes trabajaba en la mayor empresa fabricante de plástico de Chile. “Primero ayudé a crear el problema y ahora lo estoy solucionando”, dice con humor.

El coste de cada bolsa hidrosoluble es tres veces mayor al de una bolsa de plástico, pero si se generaliza será el mismo

Una bolsa de supermercado hecha por Solubag desaparece en tres minutos si se sumerge en agua, mientras que la normal tarda 500 años, dice Cabezas, quien ha venido a Miami en busca de contratos y a levantar capital o participación en la empresa creada en 2014.

La materia prima con la que están hechas las bolsas, el polivinilo alcohol (PVA), es la misma de las cápsulas farmacéuticas, dice para resaltar que es “inocuo”, es decir que no contamina el agua donde se disuelven las bolsas.

La mejor prueba es que Cabezas y sus socios, Roberto Astete, Alejandro Castro, Christian Olivares y Salvador Matte, gozan de buena salud a pesar de haberse tomado muchos vasos de agua en eventos como el que se celebra en Miami.

Otra de las ventajas del producto de Solubag es que tiene las mismas prestaciones que una bolsa normal -aguanta cinco kilos- y para fabricarlas se pueden usar las mismas máquinas que las utilizadas para hacer bolsas de plástico.

El coste de cada bolsa hidrosoluble que desaparece es hoy tres veces mayor al de una bolsa de plástico, pero, según Cabezas, cuando su uso se generalice se podrá llegar a que sea el mismo.

La empresa tiene ya contratos en Chile, entre otros con la mayor cadena de centros comerciales del país, y está negociando en Panamá, México, países de Europa y Australia para ampliar su clientela.

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