Crean fertilizantes con los residuos orgánicos provenientes de plantas de biogás

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    El objetivo del proyecto es aprovechar la materia orgánica resultante de las plantas de biogás tras el proceso de digestión anaeróbica, que consiste en someter a la materia a un proceso de descomposición en condiciones de falta de oxígeno.

     De esta descomposición se obtiene biogás y la materia resultante del proceso se conoce como digestato. NEIKER-Tecnalia se propone aprovechar este producto, considerado en muchas ocasiones como un residuo, para su transformación en fertilizante orgánico de gran calidad y hasta diez veces más productivo que los convencionales. Podrá ser utilizado en cultivos de alto valor añadido, como césped deportivo, cultivos ornamentales y cultivos agrícolas especialmente delicados.

    NEIKER-Tecnalia pretende con esta planta piloto aportar soluciones al sector agrícola que sean respetuosas con el medio ambiente y que, al mismo tiempo, resulten económicamente viables. Las ventajas del fertilizante que se obtendrá se basan en que se trata de un producto ecológico, en forma de microgránulos, que requiere dosis más bajas que los fertilizantes tradicionales y libera sus nutrientes de una manera lenta, lo que implica un menor impacto en el medio ambiente.

     El procedimiento para obtener el biofertilizante consiste, básicamente, en someter al digestato a un proceso denominado hidrólisis química seguida de un proceso de granulación de alta eficiencia. Se trata de añadir al digestato, que presenta una forma líquida o semilíquida, una serie de reactivos que provocan que se disuelvan sus fibras para posteriormente convertirlo en microgránulos. Obtener un producto en forma de pequeños granos supone importantes ventajas para su transporte, almacenamiento y utilización práctica.

     Una de las tareas principales de los investigadores de NEIKER-Tecnalia consistirá en lograr que los microgránulos resultantes presenten óptimas características químicas y agronómicas. En este sentido, resulta especialmente relevante conseguir un abono con un nivel equilibrado de NPK; es decir, de Nitrógeno, Fósforo y Potasio. Los expertos calculan que la instalación podrá tratar anualmente unas 28.000 toneladas de digestato, que darán lugar a unas 9.200 toneladas de abono.

     El biofertilizante obtenido se producirá mediante la reutilización de residuos orgánicos que hasta el momento no son aprovechados. Requerirá dosis mucho más bajas que los fertilizantes orgánicos tradicionales debido a que su formulación final será determinada de forma personalizada en función del cultivo y del suelo destinatario, y los elementos fertilizantes se liberaran de forma progresiva permitiendo una mayor efectividad del fertilizante utilizado lo que supondrá un mejor aprovechamiento y, por tanto, un menor coste económico, ya que permitirá fertilizar una misma extensión de terreno con una cantidad de producto menor que la utilizada con fertilizantes habituales.

     La empresa Ekonek será la encargada de construir, en colaboración con NEIKER-Tecnalia, la planta piloto en los terrenos de experimentación agraria que el centro tecnológico posee en la localidad alavesa de Arkaute. La firma holandesa Colsen aportará el material resultante de distintas plantas de biogás tras el proceso de digestión anaeróbica de productos orgánicos.

       NEIKER-Tecnalia y Blue Agro diseñarán conjuntamente la formulación final e idónea del fertilizante. El centro tecnológico investigará y adecuará el producto desde el punto de vista de su rendimiento agronómico y Bue Agro se encargará de su viabilidad comercial.

 

Foto: NEIKER-Tecnalia.