Vivanco sostiene que algunos caldos -como el Lambrusco o el Moscato d’Asti, dulces y con menos graduación alcohólica- o esos que han triunfado en Estados Unidos, con aromas a frutas, como la cereza y el melocotón, "se hacen pensando" en las féminas.

    No obstante, puntualiza que estos reclamos "tienen una vida, son para gente que está empezando" porque luego, la persona a la que realmente le gusta el vino y lo va conociendo, "termina probando y aceptando muchísimo mejor los vinos tradicionales".

    Así, alude a un informe de la vinoteca Lavinia, que demuestra que las mujeres no prefieren esos "vinos hechos un poco a medida para ellas, más ligeros" sino "aquellos con cuerpo, tintos y más potentes, los que en teoría eran de hombres. Los otros para iniciarse están bien".

    Santiago Vivanco abunda en que la mujer suele tener un olfato más desarrollado que el hombre, "y es el principal sentido para apreciar un vino. Un buen enólogo, un sumiller, el principal sentido que utiliza es el olfato". Por ello no es extraño que los tiempos hayan cambiado y cada vez sean más las mujeres que destacan en el mundo del vino.

    Algunos de los mejores sumilleres de España son mujeres, apunta Vivanco, y la proporción de estudiantes de enología que son mujeres es superior. "De por sí, la mujer tiene más aptitudes naturales por su fisonomía que el hombre, e insisto en lo del olfato", aprecia Vivanco.

    Cuando la Fundación Dinastía Vivanco pensó qué hacer por el vino y la mujer, surgió un atractivo proyecto a tres bandas, con la publicación de ‘Una copa para dos: Relatos de mujer y vino’, que reúne historias originales e inéditas de autores como Lorenzo Silva, Espido Freire o Juan Cruz; la muestra de carácter itinerante con obras de las colecciones del Museo de la Cultura del Vino, y, en paralelo, un homenaje que se celebró en la Biblioteca Nacional el año pasado y, en esta ocasión, en Ferrol.

    Santiago Vivanco dice que lo que les mueve es la ilusión, porque no tienen subvenciones: "nosotros no hemos recibido ni un solo euro, ninguno, y cada año cuesta muchísimo dinero sacar adelante el Museo y la Fundación. Tenemos que destinar un porcentaje muy alto de los beneficios de las empresas, de las bodegas, y bueno, lo hacemos porque nos gusta".

    "Es nuestra pasión -añade- pero claro, podríamos hacer muchas cosas más si contásemos con ayuda".

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