Diversos estudios aseguran que consumir zumo de naranja ayuda a reducir el nivel de colesterol

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      El zumo de naranja es consumido en todo el mundo, pero muchos de sus efectos aún se desconocen. Un estudio publicado en la revista Lipids Health Disease, en el que se analizó una muestra de adultos formada por 103 hombres y 26 mujeres, mostró que el consumo habitual de zumo de naranja reducía los niveles de LDL o colesterol malo, así como de apolipoproteína B y del cociente LDL/HDL (su aumento incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares), tanto en sujetos con niveles de colesterol normales, como en aquellos con hipercolesterolemia moderada.

     En vista de estos resultados, se deduce que el zumo de naranja podría beneficiar tanto a las personas que padecen niveles altos de colesterol, como a los que quieren prevenir la hipercolesterolemia.

     Resultados similares se le atribuyen al zumo de naranja en una investigación publicada en la revista Nutrition Journal perteneciente al estudio NHANES (National Health and Nutrition Examination Survey 2003-2006).

     Esta publicación, asegura que el consumo de zumo de naranja se asocia con una dieta global más satisfactoria, una ingesta más adecuada de nutrientes, una reducción del riesgo de padecer obesidad y una disminución de los niveles en sangre de colesterol LDL. En este trabajo, en el que se recogieron datos de 8.861 adultos, los consumidores de zumo de naranja (que fueron un 23,8% del total y que tuvieron una ingesta habitual de 210 ml/día de zumo de naranja), presentaron una mejor ingesta de vitamina A, vitamina C, magnesio y potasio, así como un Índice de Alimentación Saludable (índice que se emplea para valorar la calidad de la dieta) más elevado que los que no lo consumieron.

      Los consumidores habituales, tuvieron también mayores consumos de fruta total, zumo de fruta, fruta entera y cereales integrales, y su índice de masa corporal (IMC), así como sus cifras de colesterol total y de colesterol LDL en sangre, fueron inferiores a las de los no consumidores, además de presentar un riesgo un 21% y un 36% menor, de padecer obesidad y síndrome metabólico, respectivamente.