El cacereño David Lavado se convierte en el mejor cortador de jamón de España

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EFE.- El jurado ha valorado tanto el estilo del cortador como el grosor y tamaño de las lonchas, la limpieza y rectitud del corte, la rapidez en el trabajo, la originalidad en la presentación de los platos y la capacidad de cálculo, ya que los concursantes debían servir una ración de 100 gramos a ojo.

Solo seis de los doce participantes accedieron a la final celebrada hoy, en la que cada cortador tuvo un plazo máximo de dos horas para limpiar, desgrasar y cortar hasta el hueso de un pernil de unos 7 kilos de peso de la denominación de origen de Teruel.

Completaron el listado de finalistas José María Téllez, de Estepona (Málaga), José Manuel Hidalgo, de La Rinconada (Sevilla) y Pedro Antonio Mora, de Chipiona (Cádiz).

Este último ha comentado a Efe minutos antes del comienzo del concurso que "el secreto de un buen corte" de jamón está en "tener los cuchillos afilados, mucha práctica y ponerle mucho cariño. Es fundamental que te guste lo que estás haciendo", ha aseverado.

Mora ha explicado que habitualmente se tarda una hora y cuarto en cortar un jamón entero y que dentro de los ibéricos "gustan todos", aunque el de Huelva tiene "un toquecito especial".

Otro de los participantes, José Manuel Míguez, ha afirmado no tener favoritos, aunque si le dan a elegir prefiere los de bellota, porque son "un producto de altísima calidad".

Según Míguez, las claves del buen corte del jamón son "la técnica", "tener paciencia" y "perfeccionar" el estilo "trabajando todos los días".

Uno de los requisitos más difíciles para este cortador compostelano es la ración de los 100 gramos, un aspecto "fundamental" si se trabaja en un bar porque de no saber calcular "tendríamos que estar con una pesa".

Fran Robles, miembro del jurado, ha destacado, por su parte, que uno de los aspectos más importantes desde el punto de vista comercial es el del emplatado, ya que en un restaurante "el cliente lo que ve es el plato que le llega a la mesa".

Si ese plato es "atractivo", puede funcionar de reclamo entre los clientes que no tenían previsto pedir jamón pero después lo acaban pidiendo, "porque al final", argumenta Robles, "comemos por la vista".