El calor que nos da el bosque

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    Estamos acostumbrados a leer y oír hablar de nuestros montes cuando se queman y, en general, cuando son protagonistas de no muy buenas noticias. Es una verdadera lástima que uno de los pocos factores positivos que generan beneficios sociales y negocio en nuestra actual economía no reciba la atención merecida. Quizá el Día de la Eficiencia Energética, que se celebra hoy 5 de marzo en el mundo entero, sea la excusa perfecta para brindársela.

    Tal vez parezca que la última tendencia en generación de energía y cuidado del medio ambiente sea la biomasa, pero si nos paramos a pensar un instante, nos daremos cuenta de que en realidad fue precisamente la biomasa la primera fuente de energía calorífica utilizada por el hombre. Y de eso hace ya como un millón y medio de años. Es parte de la herencia que nos dejó el Hommo Erectus.

    Desde el Colegio de Ingenieros de Montes defendemos desde hace ya mucho tiempo que la biomasa es una energía fundamental para España, llena de ventajas y con muy pocos o ningún inconveniente: es la que más empleo y riqueza genera en el medio rural, la que más residuos valoriza y la que más emisiones de CO2 evita. Nuestro país tiene un gran potencial en biomasa, con una masa forestal que aumenta cada año a pesar de los grandes incendios de los últimos veranos.

    En la celebración del Día de la Eficiencia Energética destaca no obstante una clara ventaja con respecto a nuestro prehistórico antecesor, y es el desarrollo tecnológico de nuestro tiempo, que nos permite hacer un uso responsable y óptimo del regalo de la biomasa que nos ofrece la naturaleza a cambio de muy poco.
Hoy en día, al menos dentro de nuestras fronteras, está más extendido el uso de este combustible cono energía calorífica que en la generación de energía eléctrica, pero su crecimiento no para; según un informe realizado por Bain&Company se espera que la demanda global de biomasa crezca a un ritmo anual del 9% hasta 2020, año en que se cree que este tipo de energía podría ser competitiva sin la necesidad de subsidios gubernamentales.

     Afortunadamente la demanda de biomasa forestal crece a pesar de la situación actual y de las trabas administrativas. El RD 2/2013 que acaba de entrar en vigor supone una medida que afecta negativamente a las energías renovables, un sector que podría ser estratégico para el desarrollo de nuestra economía. Unos pocos datos son suficientes para hacerse una idea de la magnitud de sus posibilidades y una tendencia clarísima: en el año 2000 se generaron 2 millones de toneladas de biomasa; en 2010, 15 millones de toneladas; para el año 2020 hay una previsión de más de 46 millones de toneladas de biomasa generados. El apoyo de la Administración es muy importante para el sector: con una inversión igual a la realizada por el PLAN E, es decir, 11.000 millones de euros, se podría actuar sobre 4.565.000 hectáreas mediante repoblación o trabajos selvícolas de mantenimiento, generando más de 300.000 empleos estables, sobre todo en zonas rurales. Tenemos que pensar en positivo y beneficiarnos de una riqueza que está ahí para que la aprovechemos con responsabilidad. Con una buena gestión forestal, el impulso de esta energía limpia puede suponer grandísimos beneficios para nuestra sociedad.

    El uso de la biomasa reduce el riesgo de incendios forestales, ayuda al equilibrio ambiental del país y facilita el desarrollo rural en zonas que estaban práctica o totalmente abandonadas; implica la creación de empleo tanto en la gestión efectiva del monte como en las plantas de generación de este tipo de energía, y por supuesto, permite la independencia frente a los combustibles fósiles, mucho más caros y tan perjudiciales para el medio ambiente.

    Según las estimaciones del Colegio de Ingenieros de Montes, un aprovechamiento anual de 10 millones de toneladas pueden suponer la creación de 10.000 puestos de empleo en los trabajos de recogida, tratamiento y distribución del combustible. Eso sin tener en cuenta los empleos generados en la construcción y mantenimiento de las instalaciones de consumo. Cada uno de esos trabajadores generaría cotizaciones sociales y fiscales que la importación de combustibles fósiles no produce. Otro ahorro importante es el número de barriles de petróleo que no habría que importar optimizando el uso de nuestra biomasa: 20 millones de barriles al año, con un valor de unos 1.000 millones de euros. Una importante salida de divisas que se puede evitar. El beneficio para nuestra atmósfera también es evidente: se evita la emisión a la atmósfera de más de 8,7 millones de toneladas de CO2 al año si consideramos la sustitución de gasóleo para usos térmicos por una fuente de energía limpia, inocua y que presenta un balance de CO2 nulo.

    Nosotros hemos apostado siempre por ese mensaje positivo que debemos recibir de nuestros montes. Son el gran tesoro de nuestra sociedad. Con una gestión sostenible generan empleo, contribuyen a la mitigación del cambio climático, nos facilitan energía y diversificación económica, disminuyen la cantidad de CO2 y otros gases contaminantes liberados a la atmósfera, es un campo de investigación tecnológica, el mayor centro que existe de ocio y recreo… ¿Se puede pedir más por tan poco?