El cazador, cazado

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    Para obtener un permiso es necesario superar un test psicofísico, entregar una licencia que demuestre dedicación a la caza, tiro deportivo o coleccionismo y presentar un certificado de antecedentes penales.

     Las condiciones son las mismas para la renovación, que se produce cada cinco años, con la salvedad de que hay que presentar el arma para comprobar que no está fuera de control.

     "Se trata de que la persona que solicita el permiso sea socialmente estable para tener armas de fuego", asegura a Efe Ángel Rivera, jefe de la Intervención de Armas y Explosivos (IAE) de la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil, que añade que con estos datos se hace un informe de conducta para determinar si la persona es idónea o no para tener un arma.

     Rivera recuerda que la normativa establece que tener una licencia de armas no es un derecho, como sí sucede en EEUU, y por tanto la administración tiene una potestad discrecional para dar el permiso, cuya última palabra la tiene la Guardia Civil, salvo en algunas provincias en la que reside en la Subdelegación del Gobierno previo informe de la Benemérita.

     "Si una persona ha sido condenada tres veces por ir borracha al volante ya es un peligro, porque deducimos, además, que ha podido ir más veces", explica el responsable de esta unidad, que agrega que "es un peligro que conduzca, pero también que tenga armas, porque no sabemos lo que puede hacer".

Criterios por provincias


     Precisamente, son estos informes elaborados por el Instituto Armado los que generan una "enorme frustración y ponen muy nerviosos" a los cazadores porque en función de la comandancia de cada provincia se revocan o no, indica Morrás.

     Y es que puede darse el caso de que un positivo por alcoholemia tumbe una renovación en Lugo, pero no así en Madrid.

     Una situación de la que se ha hecho eco el Ministerio del Interior, "que es consciente de que aquí hay un problema", apunta Morrás, que observa que este cambio de tendencia en la denegación de licencias se produjo hace siete años cuando las nuevas tecnologías permitieron un mayor control de las actividades de cada uno.

     Por ello, se está trabajando conjuntamente con Interior para elaborar un decálogo sobre los supuestos en los que no debe retirar el arma, comenta el responsable de los cazadores, que espera que este documento vea la luz en dos meses.

     "Un ciudadano puede ser declarado no culpable en un juicio, pero sin embargo para la Guardia Civil no es inocente", sostiene Morrás, para quien lo más llamativo es que por sanciones administrativas y sin consecuencia contra otras personas "te retengan el arma".

     De ahí, que la única salida para los cazadores sean los tribunales que, a juicio del representante de la ONC, les dan la razón, aunque eso cuesta años y dinero.

     ¿Y qué sucede con las armas de los cazadores que no renuevan los permisos?. Se depositan en la unidad de Intervención de Armas de la Guardia Civil y si el propietario no consigue su licencia o la vende en un plazo de un año, que puede alargarse a dos, se subastan, aunque generalmente los cazadores procuran venderlas a amigos que se hagan cargo de ellas para no perderlas.

     El precio lo fija el dueño y el dinero va al propietario, que nunca pierde el valor patrimonial del arma salvo en un supuesto: cuando se destruye debido a que no encuentra comprador en la subasta.

     Con todo, ambas partes coinciden en que la normativa española es más dura y restrictiva que la legislación comunitaria, que establece que una persona que haya cometido delitos dolosos violentos no puede tener armas, algo en que tanto el Instituto Armado como los cazadores están totalmente de acuerdo.

     Rivera lo resume así: "Hay que reducir el riesgo para que las personas no maten ni se maten con las armas".

    Según datos facilitados a Efe por la Guardia Civil, el 80% de las licencias de armas en España pertenecen a cazadores, 1.600.000 permisos aproximadamente entre escopetas y rifles, que constituyen las dos únicas armas que pueden adquirir los amantes de la caza, con un máximo por persona de seis escopetas y sin límite en el caso de los rifles, mucho más peligrosos.