EFE.- Aproximadamente el 40 % del cultivo de girasol se traduce en aceite para consumo alimentario, un producto que ha ganado terreno en la cesta de la compra en España por su atractivo precio en tiempos de crisis frente a la tendencia al alcista del arraigado aceite de oliva.

También son fruto del cultivo de girasol muchos piensos para alimentación animal, aceites carburantes o las famosas «pipas» tostadas que se consumen como aperitivo en muchos países.

En este contexto, agricultores y cooperativas se enfrentan al futuro con la mirada puesta en la rentabilidad de sus producciones y encuentran su mejor aliado en las grandes comercializadoras de semillas, que centran sus esfuerzos en la investigación.

En sus plantas de ensayo de Çorlú, al noroeste de Turquía, la cooperativa francesa Limagrain ha presentado esta semana los últimos resultados de sus investigaciones de variedades híbridas de girasol, centradas en la resistencia al jopo, una enfermedad causada por el orobanche, que parasita las raíces del cultivo y limita su rendimiento.

«Creo que el futuro del girasol y la evolución de sus superficies será muy dependiente de nuestra capacidad de mejorar los rendimientos de las toneladas por hectárea producidas por los agricultores», ha defendido el CEO de la compañía, Daniel Chéron, en una entrevista con Efeagro.

Con un volumen de negocio de 1.939 millones de euros en el último ejercicio, esta cooperativa multinacional francesa ha intensificado sus programas de investigación a través de una inversión de 188 millones en 2013, frente a los 165 del año anterior.

Los trabajos de investigación se realizan bajo el paraguas de Soltis, una sociedad que Limagrain comparte al cincuenta por ciento con Euralis, dedicada al girasol y con la que ha impulsado el progreso de nuevas variedades: resistentes a los herbicidas, ricas en ácido oleico o para la producción de híbridos experimentales.

Recientemente, la empresa ha lanzado la marca Suneo, un programa para el desarrollo y monitorización de variedades híbridas de girasol para combatir adversidades climáticas como la sequía o destinadas a explorar resistencias contra el jopo; en su desarrollo, los campos de España y Turquía juegan un papel fundamental como «observadores internacionales», según Chéron.

«Desde ese punto de vista, España es un elemento estratégico de la observación, del comportamiento de variedades en condiciones de temperaturas extremas y sequía muy fuerte; es un observatorio de las condiciones que vamos a encontrar en muchos países del mundo», ha reiterado.

El futuro del cultivo de girasol está ligado a la capacidad de las semillas para combatir el jopo, particularmente agresivo en Turquía y España, donde el riesgo de contaminación es, respectivamente, de un 62 % y un 45 % de la superficie total cultivada.

Limagrain tiene ahora la mirada puesta en los mercados de Europa del Este, donde la superficie cultivada de girasol ha crecido en los últimos años; en la última campaña -2013/2014- se cultivaron en Ucrania 5,09 millones de hectáreas, en Rusia 6,81, frente a las 4,43 del conjunto de la Unión Europea (780.000 hectáreas en España).

Según Chéron, «el girasol se ha convertido en una planta estratégica dado su crecimiento en estos países»; la complicada situación política que atraviesan «no ha cambiado la estrategia de la compañía», aunque este ejercicio «ha sido bastante más complicado que el anterior», ha reconocido.

La investigación en el cultivo del girasol ha avanzado mucho en los últimos años, pero las empresas que la desarrollan se encuentran aún con la barrera del «no» a los transgénicos de la Unión Europea, que, en caso de derribarse, «podría permitir que hubiera en el mercado girasol genéticamente modificado en un horizonte de cinco años», ha asegurado Chéron.

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