El popular postre del 'tocino de cielo' podría tener una IGP que le identifique con Jerez

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       Uno de los objetivos es que esa marca pase a formar parte del patrimonio de la ciudad, para que los consumidores que prueben un tocino de cielo bajo el epígrafe ‘de Jerez’ sean absolutamente conscientes de que están tomando el auténtico y genuino. Según ha podido saber Manuel Moure en diariodejerez.es, esta solicitud que no tiene otro fin que darle un "punto de valor" a este delicioso dulce de azúcar y yemas de huevo, contará con el informe favorable de los profesionales que lo prepararan a diario.

     Es el caso concreto de la Asociación de Pastelería y Obradores de la federación hostelera provincial Horeca, que está preparando un informe favorable al ser conscientes de la necesidad de dejar claro al resto del mundo -ese es a fin de cuentas el objetivo inicial- que el tocino de cielo es de Jerez.

      Sin embargo no será una tarea fácil, ya que existe informaciones de Sevilla e incluso de Montilla que se arrogan la elaboración de este delicioso manjar y para lograr que sea reconocida como IGP habría que demostrar, en primer lugar, su origen. Luego vendría su composición específica, que debería tener productos propios de la ciudad o la zona y finalmente unas particularidades que lo hicieran diferentes de cualquier otro ‘tocino de cielo’ que se haga en cualquier otro sitio. Un camino muy difícil y complicado.

     Pese a todo, Antonio Ojeda, presidente de la referida Asociación de Pastelería y Obradores de la provincia, se muestra entusiasta con esta idea. "Me parece estupendo, pues se trata de una sabia forma que había de utilizar los restos de huevo que quedaban tras utilizar las claras para limpiar de depósitos el vino". Los huevos, comprados en cantidades industriales por las bodegas, eran separados en claras y yemas, siendo aprovechadas las primeras para ser ligeramente batidas y esparcidas sobre la superficie de los mostos para que, de esta forma, fueran cayendo poco a poco hasta el fondo arrastrando todas las impurezas que el vino nuevo guardaba en suspensión. De esta forma se obtenían vinos limpios y brillantes.