Entrevista a la Dra. Inmaculada Viñas Almenar

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IRTA .- Dra. Viñas, ¿qué se entiende por productos de “IV gama”?

Con ese término nos referimos a aquellas hortalizas y frutas frescas que, tras un procesado mínimo (lavado, cortado y envasado), están listas para el consumo. Normalmente, los alimentos de IV gama son comercializados en bandejas o en bolsas, tras unos estudios rigurosos de calidad y selección. Además, se caracterizan por la combinación de diferentes tipos de hortalizas en el mismo envase para ofrecer mayor comodidad al consumidor.

¿Pueden las nuevas tecnologías ayudar a mejorar la calidad de fruta y hortalizas procesadas?

Desde hace años, la política del IRTA está focalizada a potenciar la investigación en este ámbito. Nuestros estudios han puesto de manifiesto que aplicar las nuevas tecnologías (tales como las altas presiones) a los productos de IV gama resulta muy útil si se quieren conservar sus características organolépticas y, al mismo tiempo, garantizar su seguridad alimentaria. Además, estos tratamientos también contribuyen a evitar alteraciones en los vegetales, permitiendo extender su periodo de vida útil que, en el caso particular de productos de IV gama, es particularmente corto (alrededor de 5 a 7 días).

A buen seguro que estos tratamientos hacen subir el precio de los vegetales, etc

Diferentes estudios apuntan a la necesidad de consumir al menos 5 frutas/hortalizas al día para mejorar nuestra salud. Sin embargo, los ritmos frenéticos de la sociedad actual no nos ayudan a respetar estos consejos alimentarios y, por consiguiente, los consumidores buscamos alternativas que faciliten el cumplimiento de estas indicaciones. Frutas como las mandarinas o los plátanos, por ejemplo, salen beneficiados con respecto a otras frutas porque son sencillas de pelar y se presentan ante el consumidor en forma óptima para su consumo.

Además, estos productos poseen características casi idénticas a las de los productos de los que proceden, tienen ingredientes exclusivamente naturales, están preparados para el consumo inmediato o con muy poco tiempo de preparación, generan pocos o ningún residuo al ser generalmente comestibles en su totalidad y requieren poco espacio de almacenamiento. Las ventajas mencionadas, en definitiva, otorgan a los productos de la IV Gama un valor añadido importantísimo.

Con todo, es inevitable que el precio de un producto frutícola de cuarta gama sea mayor que otro no tratado, aunque hay que recordar que hasta hace unos pocos años era impensable ver en los supermercados bolsas de lechuga cortada. Hoy, en cambio, el nivel de competencia entre los productores de estas verduras es altísimo debido al éxito que han tenido. En definitiva, creo que es importante investigar la manera de ofrecer una fruta con valor añadido para que el producto final resulte tanto satisfactorio como beneficioso para los consumidores.

Y los factores de campo ¿pueden mejorar la calidad de frutas y hortalizas procesadas?

El punto de partida de nuestras investigaciones se focaliza precisamente en el campo, ya que aspectos como la selección de variedades de mejor aptitud o los efectos debidos a la zona de producción influyen sobre la calidad del producto vegetal.

La Ministra Rosa Aguilar, del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino (MARM), declaró recientemente que “España debe cobrar más fortaleza de decisión en la Unión Europea con respecto a agricultura y ganadería”. ¿Comparte usted esta visión? ¿Cuál debería ser el papel de España en el escenario agrícola internacional?

En el marco de una economía globalizada tal como es la actual, es normal que un producto capaz de “defender” un mejor precio tenga más facilidad de entrar en el mercado europeo. No obstante, esto puede crear serios problemas al sector de la producción primaria local tanto en términos de márgenes de ganancias como de competitividad.

 Por lo tanto, si por un lado comparto la idea de que España debería liderar la política agrícola comunitaria porque disponemos de las competencias necesarias, por el otro creo que deberíamos preocuparnos más por la salvaguardia de la economía europea en su conjunto, y actuar de manera unitaria a fin de favorecer todos nuestros productores.

Un estudio realizado en 2010 por la Fundació del Món Rural (FMR) aconseja cultivar productos exóticos como el lichi o la col china en las comarcas de Lleida y Tarragona. ¿Cómo ve usted estas nuevas tendencias de mercado? ¿Cree que supondría una innovación para la agricultura de nuestro país?

Personalmente creo que en el sector primario es necesario innovar y buscar nuevos productos a fin de potenciar la diversidad alimentaria, siempre y cuando exista una buena coordinación y planificación. Algunas variedades de frutales que han prosperado en otros países no se han adaptado a nuestras condiciones climatológicas.

Se hace, pues, necesaria una estrategia conjunta entre el sector productor comercializador y las exigencias de los consumidores.