Estudian una toxina presente en las uvas del vino que podría ser cancerígena

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     La investigación de Welch, doctorado en Biología Celular y Molecular por la Universidad de Johns Hopkins, está financiada por una subvención del Departamento de Agricultura (USDA) que apoya estudios sobre el cambio climático y promueve proyectos que ofrezcan soluciones para mitigar sus efectos.

A más calor en el ambiente, mayor humedad y más moho


     "A medida que el clima se hace más caliente provoca también mayor humedad, lo que a su vez hace que crezca más moho y, aunque no está probado que sea tóxico en humanos, sí se han comprobado sus efectos cancerígenos en animales", explicó el investigador de la Chaplin School of Hospitality and Tourism Management de la FIU.

     Welch agregó que aun cuando los estudios sobre los efectos de la toxina producida por el moho en las uvas no están muy avanzados, la evidencia hasta ahora es suficiente para prever sus posibles efectos sobre los seres humanos.

     Hay evidencia de la presencia de esta toxina en la industria mundial del vino, pero aclaró que, a diferencia de Estados Unidos, en Europa, donde están los mayores productores de vino como España, Italia, Francia y Portugal, su manejo está regulado.

      "Lamentablemente en nuestro país aún no se ha establecido una regulación respecto al Ochratoxin y creo que la negativa de la industria a tener una conversación sobre este tema se debe a que no quiere una publicidad negativa sobre sus productos", afirmó.

     Sin embargo, aclaró, su intención no es crear una alarma sobre el consumo de vino, porque actualmente la presencia de esta toxina es bastante baja, sino preparar a la industria para el futuro.

     La solución en la que trabaja Welch y su equipo es el desarrollo de una levadura que sea capaz de eliminar esta toxina del vino.

Desarrollan cepas naturales para co,batir este moho


     "En nuestros laboratorios estamos desarrollando cepas de levadura de manera natural, una apuesta que toma más tiempo y es más difícil de producir que las que se usan en la industria vinícola, que son levaduras técnicamente modificadas", explicó.

      Una vez que el equipo de Welch termine sus investigaciones y el desarrollo de la levadura natural para combatir la toxina el siguiente paso es patentarla.

     "Luego tenemos dos opciones de comercializarla, crear una empresa de biotecnología en colaboración con FIU o venderla a empresas que manufacturan levadura para la industria", puntualizó. El investigador reconoció que el calentamiento global es un hecho y que como científico su trabajo es buscar alternativas para que el ser humano se adapte a él.

     "Mi mensaje es que no hay que preocuparse ahora, pero sí prepararse para el futuro, cuando prolifere el moho y la toxina, que en mayores concentraciones pudiera afectar a la salud de las personas",