Luis Manuel Rivera es un afiliado de COAG Cádiz que por estas fechas, cuando el olor a castaña asada impregna la humedad de las tardes en las calles de la provincia, está con la adrenalina a tope. En cuestión de dos semanas, su invernadero, ubicado a las afueras de Chipiona y de unos 7.000 metros cuadrados, pasa de tener un manto blanco de flores a terminar pelado, predominando el pardo arenoso con toques verde, gracias a los pequeños plantones que toman el relevo de las grandes varas recién cortadas.

Luis Manuel Rivera, al que todos conocen como ‘Lima’ en la zona, es un trabajador nato, dedicado de lleno a sus flores, a las que cuida con especial atención. Y es que los crisantemos, según dice, están al ‘pesqui’ de cualquier despiste: “Si te equivocas en algo, la flor en seguida te lo delata, ‘¡quillo! que te hemos pillado. Es un tipo de flor muy técnica, en todo el proceso de crecimiento y floración lo quiere todo en su justa medida. Si no, te muestra que has metido la pata rápidamente”.

La apuesta por la incineración está provocando una caída de la venta de flores

‘Lima’ espera la campaña de los Santos como agua de mayo. Tanto para él, como para otros floricultores de la Costa Noroeste, principalmente localizados en Chipiona, el 1 de Noviembre es la fecha en la que más flores venden de todo el año.

A pesar de que sigue siendo una buena época, la más rentable, los ‘Tosantos’ están viniéndose abajo un poquito más cada año. Rivera explica por qué de la disminución progresiva de las ventas: “Hay varios motivos. El primero de ellos es que se incrementa el número de incineraciones en detrimento de los entierros en cementerios”. En este sentido, hay que apuntar que en la provincia las incineraciones ya superan el número de sepulturas, puesto que el 60% de procesos funerarios acaban con la entrega de las cenizas, según los datos de la Asociación Nacional de Servicios Funerarios, que además destaca que Cádiz duplica la media española en incineraciones.

“A esto se le suma –continúa- que la tradición de visitar los cementerios no cala entre los jóvenes españoles, cada vez son menos los familiares que acuden al cementerio a limpiar las lápidas y poner flores”.

Un tercer motivo está haciendo que las campañas de Los Santos no sean tan magníficas como antes: “Las flores contrahechas”, comenta ‘Lima’, que se refiere a las flores artificiales de todas las hechuras y colores que se venden en los grandes bazares donde hay de todo, es decir, en ‘los chinos’, que es como todo el mundo los conoce.

Los crisantemos de Luis Manuel Rivera necesitan de una infraestructura importante para su cultivo. Luces,  calefacción,  pantalla de ahorro energético, fotoperiodo,  estación climática con anemómetro,  sensor de lluvia,  veleta… Todo ello hace que de manera automática se abra o cierre el techo del invernadero. “Y muchas horas estando pendiente”, afirma el floricultor, quien detalla que para obtener una crisantemo perfecto, acorde a las exigencias del mercado (unas nueve flores en cada tallo, 70 centímetros de alto, calidad máxima, cero insectos…), la planta no puede nunca estar a menos de 14 grados de temperatura, debe tener cada día 11 horas de luz y 13 horas de noche, por lo que este verano ha tenido que “hacerle la noche” a los crisantemos y, cuando los días de acortan, les hace el día con sus luces especiales. Todo el proceso de crecimiento y floración contempla un periodo de tres meses aproximadamente.

La Holanda chipionera

Los floricultores que han quedado en Chipiona, después del boom de los años 80-90 y su posterior crisis, son los que de toda la vida se han dedicado a este cultivo. Aunque el sector tiene que lidiar con importantes hándicap, entre los que se encuentra la alta inversión en tecnología para ser competitivos, los imparables precios del gasoil, “que es un auténtico quebradero de cabeza”, los impuestos que se pagan a Hacienda, “con los mismos criterios que hace 30 años, cuando el sector estaba en pleno boom”, comenta Luis Manuel Rivera, quien reclama, como lo está haciendo COAG y el sector, una reducción de módulos, adecuados a la realidad del sector hoy. “Necesitamos que de 0,32 que está, se nos reduzca a 0,16”, concluye.

A todo este panorama se le suma la bajada de precios y la inestabilidad de éstos, que dependen de Europa y de las importaciones de países terceros, pero aun así hay jóvenes valientes en Chipiona que, siguiendo la tradición familiar, han encontrado en la floricultura su profesión y su medio de vida.

Éste es el caso de Daniel Domínguez, que a sus 31 años ha tramitado su incorporación a la actividad agraria a través de COAG Cádiz, produciéndose así el tan necesario relevo generacional a pesar de los inconvenientes y de la dureza del sector, para el que toda ayuda es poca.

Daniel Domínguez, a diferencia de ‘Lima’, ha apostado por el mercado europeo y, toda su producción está dirigida hacia Holanda, el país que ‘pincha y corta’ en el sector a nivel mundial, el referente del sector de la flor cortada y quien maneja el mercado. En sus más de 4.000 metros cuadrados de invernadero, este joven cultiva un tipo de mini-clavel híbrido, variedad ‘Green’, así como un tipo de flor bastante desconocida en España, pero que está siendo muy demandada en Europa, el ‘Ornithogalum saundersiae’. Comercializa desde Chipiona tanto las varas, como los bulbos de esta flor. “Y todo para Holanda”, afirma Daniel Domínguez, quien se encuentra a gusto con su profesión y, a pesar de que se trata de un trabajo de muchas horas, “porque siempre hay que estar pendiente”, ve futuro en las flores y en la agricultura.

(Texto y fotos: COAG Cádiz)

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