La apuesta por el falso brandy en Jerez aboca al auténtico a un muerte prematura

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    Del esplendor de los noventa y principios de la siguiente década, en los que el brandy de Jerez movía del orden de 420 millones de euros con un volumen de 90 millones de botellas en ventas, se ha pasado a la más absoluta austeridad, marcada por unas ventas de algo menos de 20 millones de botellas y un volumen de negocio de 47 millones de euros, según datos provisionales de 2013 en poder de la Agencia Andaluza de Comercio Exterior (Extenda), que reflejan una caída del 47% en el valor de las ventas del último año.

    La crisis, la discriminación fiscal en alguno de sus principales mercados como Filipinas y, sobre todo, la decisión de la inmensa mayoría de las bodegas de ‘descatalogar’ sus brandies de la categoría solera, convertidos en bebidas espirituosas por debajo de los 36 grados y que tienen un origen distintos del vino, como se exige para ser brandy son los grandes enemigos a los que se enfrenta la bebida jerezana, en estado agonizante, como se aprecia en el desplome de las ventas, que en las dos últimas décadas roza el 80%, según señala Angel Espejo en www.diariodejerez.es,

    El auge de los sucedáneos o falsos brandies, corriente que surgió en 2009 con la salida de la Denominación de Origen de las principales marcas de solera (Veterano y Soberano fueron las primeras), se comen al brandy. En las estanterías de los supermercados y tiendas de bebidas, en bares y restaurantes y en cualquier punto de venta conviven los auténticos brandies con las marcas de bebidas espirituosas que en su día fueron brandy de Jerez, pero que dejaron de serlo para elaborarse con destilados distintos a los del vino, otros alcoholes de origen agrícola (melaza, cereales, patata).
 

Del ‘engaño’ para unos al ‘beneplácito’ de la Consejo Regulador

   Bajo el epígrafe brandy o Brandy de Jerez, en los lineales de venta y en las cartas de restaurantes se incluyen los auténticos y los falsos brandies, en lo que muchos -caso de los destiladores manchegos- interpretan como un engaño al consumidor fomentado por las propias bodegas, que mantienen los brandies solera y gran reserva, pero no les interesa proclamar a los cuatro vientos que el brandy solera es ahora una bebida espirituosa sin más. Y la prueba está en que las marcas díscolas mantienen el envase y el etiquetado exactamente igual que antes, salvo que ya no pueden incorporar el término Brandy de Jerez.

    La convivencia entre brandies y falsos brandies es un matrimonio de conveniencia que cuenta con el beneplácito del Consejo Regulador, desde el que se asegura que este problema no entra en sus competencias, toda vez que sostiene que la renuncia de las bodegas a seguir elaborando brandies solera es una decisión legítima de las empresas.

    Aunque las firmas bodegueras que mantienen todos sus brandies dentro de la Denominación de Origen se cuentan con los dedos de una mano, desde las mismas entienden que la comercialización de las bebidas espirituosas con apariencia de brandy es un claro caso de competencia desleal. Y el reglamento del brandy establece claramente en su articulado la defensa de los intereses generales de la denominación, señalan fuentes del sector.

    Pero las quejas de estas bodegas caen en saco roto. Para el presidente del Consejo, Evaristo Babé, el papel de la institución es garantizar la calidad de los productos que se etiquetan y comercializan bajo el nombre Brandy de Jerez, pero no vigilar cómo se colocan las botellas en las estanterías.

Un "problema del distribuidor"

    Según Babé, "el problema es exclusivamente del distribuidor, pues éste es quien decide cómo coloca los productos para su venta y está claro que las bodegas que elaboran ambas bebidas no se van a tirar piedras sobre su tejado".

    El presidente del Consejo tampoco juzga a las bodegas que, bajo una misma marca, elaboran brandy o bebida espirituosa (falso brandy)   en función del mercado de destino, pero que se comercializan con la misma etiqueta y diseño. Aunque el reglamento no lo prohíbe, deja entrever que se trataría de una práctica poco ética.

    El brandy tiene el enemigo en caso y no se aprecia reacción, de ahí que en el sector haya quien considere esta situación como el principio de la descomposición de la denominación de origen Brandy de Jerez. Es más, según las fuentes consultadas por este periódico, si la conclusión es que lo que realmente venden son las marcas, ¿para qué sirve la Denominación?, se preguntan.