La conservación de un Patrimonio: La Dehesa

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María Pía Sánchez Fernández / Presidenta Federación Española de la Dehesa

Recién cumplidos tres años desde la constitución de la Federación Española de la Dehesa (FEDEHESA), nace esta reflexión conjunta por quienes sentimos en su momento la necesidad del compromiso hacia nuestra tierra y hacia un paisaje claramente diferenciado que constituye sin duda el paisaje de nuestra alma: “La Dehesa”.

Controvertida definición que hasta la fecha ha separado más que unido, se torna, gracias a sensibilidad nada meritoria, en el corpúsculo de una senda común para su defensa: ahora o nunca. Nacemos con el firme propósito de defender la Dehesa, defenderla de su secular individualismo, de su lenta agonía, ese callado desprecio hacia lo rural y sus tiempos lentos, de su ejército de enemigos, el cerambyx, la phytophthora, la sobrecarga ganadera, la falta de pastores, la falta de agua, el exceso de normativas, la contradictoria aplicación de las normas, la falta de amor con mayúsculas, etc. Pero nuestro amor no es suficiente. No podemos vivir de nuestra ganadería extensiva, ni de la luz, ni de la añoranza. Necesitamos fuerzas, más allá de, como dice el Profesor Campos, de la honda emoción que este ecosistema nos produce, fuerzas que tejan una red de salvaguarda tan sólida y duradera que cien mil años después permita que las generaciones que nos sucedan puedan ser agentes vivos de un ecosistema sin igual. La memoria de un pueblo, pero también el futuro de aquellos que oyen un tambor distinto.

Y en esta red de hilos invisibles tejida de sensaciones convocamos a funcionarios, cuyas decisiones tanta trascendencia tienen, a científicos y profesores para que enceren de sabiduría nuestros sentimientos, y sobre todo a quienes se levantan al amanecer para recoger el testigo que cada mañana nos ofrece nuestra madre tierra, ¿verdad Paco Casero?, para continuar creando vida y alimentos en las mejores condiciones posibles, como antes lo hicieron nuestros antepasados y para dotar de un sentido perpetuo a nuestra corta existencia.

Fedehesa agrupa a los que quieren aportar su grano de arena. Ricardo Delgado nos coloca plataformas con altavoces para que llevemos nuestra pasión al Valle de los Pedroches, Alcudia y La Serena. Jesús Castaño y Olga González claman en el campo charro y en la comarca sayaguesa donde Esther Prada se suma a nuestros sueños.

El triángulo de la Dehesa, Carlos Tristancho en su país de “Quercus”, nos muestra los tres vértices: el hombre, el ganado y  el árbol, trinomio inseparable que se bastan y se sobran en esos campos.

De norte a sur de los territorios dehesables como Fernando Pulido  y Gerardo Moreno les llaman, nos vamos cogiendo de la mano y aunando fuerzas. Juan Carlos Higuera conecta el norte y el sur. Poco a poco el círculo se expande, José Ramón Montoya en Alcudia, Antonio Gamonal y Ana Rengifo en Monfragüe, y en las dehesas andaluzas Clemente Mata toca a arrebato en la cátedra de ganadería ecológica de la Universidad de Córdoba junto a Vicente Rodríguez-Estévez y Cipriano Díaz mano a mano. Como un ejército inmune al desaliento nos recorremos la geografía buscando y encontrando aliados, y como mancha de aceite en el oscuro mar, la Dehesa aparece una y otra vez en los discursos, en las promesas. Conocemos a Ernestine y a su “Fundación Monte Mediterráneo”, embajadora de lujo de los productos de la Dehesa en Europa, así como a Miguel Cabello y su familia en plena Siberia Extremeña, preservando razas autóctonas ganaderas en peligro de extinción que pastan en la Dehesa.

La sombra del CAP (Coeficiente de Admisibilidad de Pastos) se vuelve grave amenaza, una más. Para la Dehesa el pago de las ayudas europeas son el último aliento que aún le asiste y su merma acelera el final. Aliados con la “Plataforma por la Ganadería Extensiva”, gracias Pedro Mari Herrera, conseguimos dar pasos para que el CAP no se aplique a la Dehesa y aunque tarde, la última reforma del Reglamento Ómnibus reconoce nuestra pretensión: primera batalla y no hemos salido demasiado malheridos.

Pero hay que seguir. Oportunidades, necesitamos oportunidades para poder cumplir aquellos objetivos ambiciosos que  una fría mañana de enero del 2015 nos marcamos. Alfonso García Cobaleda  nos demuestra que hay esperanza. Pablo Bustos robotiza deseos porque hay que emprender, abrir horizontes y Patricia Mora y Lorena Rodríguez nos demuestran que el destino existe y que el enfermo corazón de la humilde y milenaria Dehesa aún levanta pasiones. Y muchas personas más: Raúl Cabello Bravo desde la “Asociación de Gestores de Dehesas de Extremadura (AGEDREX)”, Celsa, Lourdes, Concha, Charlotte, las ganaderas con su grupo “Ganaderas en Red” y un larguísimo elenco de esfuerzos al servicio de la Dehesa.

Y nace el Poctep-Interreg, bendita Europa. Un presupuesto nada desdeñable de 3.800.000 euros y 17 organizaciones de España y Portugal unidas en el Proyecto Prodehesa-Montado para gestionar los cambios. Buenas voluntades, desde Sevilla a Mérida, desde Évora a Lisboa, una corriente de  esperanza mece nuestros campos. Pero la Dehesa sigue siendo frágil, Dehesa desamparada en palabras de Mario Morales. Nada quieren con ella los poderosos, los lobbies, los fuertes no la necesitan porque las fuentes de sus riquezas son otras. Si no se la equipara a otras categorías en el Pilar I (uno) de la Política Agraria Comunitaria y se le dota, al igual que a otras, de una cantidad que asegure su mantenimiento, su llamado déficit estructural, nadie podrá vivir de ella y acabará siendo una medalla para engalanar vanidades pero no fuente de riqueza económica, social, medioambiental y cultural.

Nos queda un largo camino por recorrer, necesitamos sensibilidades a nuestro lado, necesitamos dejar atrás individualismos, egocentrismos y fortalecer nuestra solidaridad y nuestro empeño. Algo hemos hecho. Todo lo demás, lo que falta por hacer, es la oportunidad histórica de convocar a todos/as en una causa común. Seguro que merece la pena.

 

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