Licenciados en paro buscan una oportunidad aprendiendo a labrar el campo

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EFE.- Adesco, una entidad sin ánimo de lucro de ámbito regional, se encarga de la explotación de la finca La Cebolla para formar a los parados en el mundo agrario, al que considera como un "yacimiento" de trabajo por los amplios recursos infrautilizados que hay en la isla, con dos tercios de sus terrenos cultivables en inactividad.

   El consejero de Agricultura del Cabildo de Gran Canaria, Francisco Santana, ha participado hoy en la segunda siembra de las tierras de La Cebolla, donde ha elogiado el trabajo de Adesco y la Granja Agrícola Experimental de Arucas en la formación de desempleados de la isla.

   "La primera plantación fue de papas y toda la cosecha fue vendida", ha destacado Santana, quien ha agregado que la corporación insular intenta dar "impulso y formación" a desempleados que se quieran dedicar al trabajo agrícola.

   Aunque la finca de La Cebolla tiene ocho hectáreas, Adesco gestiona una superficie de 5.500 metros cuadrados, una extensión agraria idónea para que de un rendimiento productivo, y la cosecha se pondrá a la venta en el mercado cada quince día convoca La Granja Experimental.

   El consejero ha adelantado que la idea es seguir trabajando con apoyo logístico del Cabildo, ya que "hay plantas, espacios y sistemas de riegos para que Adesco vaya trabajando en amplitud, con el fin de que cada vez sean más personas las que se dediquen a la agricultura".

   Por su parte, el presidente de Adesco, Javier Aparici, un licenciado en Filosofía en paro, ha destacado que intentan mejorar la calidad de vida de su comunidad y que, en su opinión, la mejor forma que tiene un ciudadano de escapar de las situaciones de precariedad es "emplearse y ganarse la vida de manera digna".

   Aparici ha explicado que el proyecto está en proceso de desarrollo gracias a la "receptividad" de los responsables públicos, quienes permiten la adquisición de habilidades y producción, al tiempo que los parados cogen "soltura en un sector estratégico y básico".

   "Nos movemos entre paliar las situaciones de precariedad y dar respuestas solventes y económicas significativas", ha subrayado.

   En unos momentos de grandes problemas económicos y sociales, el perfil del voluntario de Adesco es "multivalente", con personas que tienen carreras universitarias y otras que disponen de otro tipo de especialización, que en nada tiene que ver con la agricultura.

   Adesco considera fundamental el proceso de retomar las habilidades en el mundo agrícola porque, resalta, ha habido una fractura generacional en la transmisión de los conocimientos del agricultor a sus hijos y nietos.

   "Eso se ha perdido y ahora lo que estamos haciendo es empezar a comprender el complejo oficio de ser labrador", ha subrayado.

   El coordinador de desarrollos y estrategias de Adesco, Emilio Siesta, ha apuntado que la asociación persigue la atención de los parados de larga duración y de alta edad, muchos con formación y títulos académicos.

   Ahora se dedican al desarrollo de proyectos que intentan vincular recursos abandonados o infrautilizados y, además, ponerlos a disposición de las personas que necesitan trabajar.

   "En un primer momento hemos empezado con temas agrícolas porque dos tercios de los terrenos agrícolas están abandonados y una buena parte pertenecen al Cabildo. Hemos hablado con Patrimonio y la Consejería para, en un mal momento económico, dinamizar los suelos e intentar crear puestos de trabajo", ha concluido Siesta.