Los arroceros reclaman amparo al Gobierno ante el posible dragado del Guadalquivir

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    En su comunicado, quieren dejar muy claro que "no somos políticos y mucho menos nos gusta sentirnos como herramienta de demagógicos discursos. Que quedé meridianamente claro, además, que no estamos en contra de la modernización del puerto ni del dragado, siempre que se realice considerando nuestras necesidades de calidad de agua, nuestro papel como despensa de Doñana, motor de la economía en los municipios de ambas márgenes del río y fijador de puestos de trabajo".

    Tras recordar que "somos unos magníficos agricultores de regadío, que pagamos más que nadie por regar nuestros campos y nos sentimos muy orgullosos de ser los arroceros más respetuosos con el medio ambiente y productivos del mundo".

Un dragado de profundización afectaría al régimen hidráulico del río

    Sin embargo, también recalcal que "para llegar a lo que somos en la actualidad, los arroceros no hemos contado con la ayuda de nadie. Esto se consiguió con mucho valor, trabajando muy duro, arriesgando todo y sufragando íntegramente la transformación y saneamiento de una inhóspita e insana marisma, en un productivo terreno, que propició la aparición de nuevas poblaciones y afianzamiento de, tan necesitados a día de hoy, puestos de trabajo".

    Considerna que un dragado de profundización severo afectaría sin duda alguna al régimen hidráulico del río, ya que es previsible que el tapón salino se desplace río arriba, y provocando un aumente de la salinidad media del estuario. Para los arroceros, "este es un hecho de gran relevancia, porque la salinidad y la dinámica del tapón salino son factores esenciales para el sistema de riego del arroz e invalidaría las tradicionales estaciones de captación de agua del río y sus canales, que posteriormente distribuyen a nuestras parcelas. Esto obligaría sí o sí, a reinventar íntegramente el sistema de riego tanto a nivel de parcela, como a la distribución principal".

"Alguien debe asumir la responsabilidad" por no haber las cosas bien

    Asimismo, señalan que el Puerto de Sevilla se encuentra "en una dramática encrucijada tras construir una esclusa antes de tener estos parámetros meridianamente claros. Ahora se le agotan unos plazos que tenían que haber calculado desde el minuto número uno, en el que se planteó una obra de estas características. Los arroceros no son responsables de su situación y no tenemos que ser los que paguen esa falta de previsión y humildad. Alguien tendrá que responder por esta ausencia de previsión, que se convierten en aterradoras inversiones por amortizar y posiblemente, la causante de futuras e innecesarias aperturas de causas judiciales. No hablamos de corrupciones, ni ilegalidades, sino de eficiencia y eficacia en la gestión de tan ingente cantidad de recursos públicos".

    Por ello, la FAS demanda información, técnica y económica, fehaciente sobre el mal denominado, proyecto de modernización del sector arrocero. "Se supone, que a través del mismo, el dragado no tendrá impacto para el sector, permitiendo continuar con el cultivo de arroz en el estuario. No obstante con los datos que disponemos en la actualidad, han aparecido enormes variaciones que plantean serias dudas para su ejecución; continuas variaciones del trazado, necesidad de restauración de canales absolutamente desechos y abandonados (casi 30Km) que no se contemplan en el proyecto,  y el factor importantísimo a tener en cuenta, que el sector arrocero de Sevilla tendrá que seguir dependiendo del rio Guadalquivir, tanto para la operación de llenado de sus tablas, como el riego final del cultivo antes de su recolección, ya que ambas operaciones de riego no pueden realizarse mediante la nueva estructura. Ello condicionará a la Autoridad Portuaria de Sevilla en el uso del Estuario".

   Por esom recalcan que "estamos a la espera que se nos faciliten datos fiables y la administración defina de una vez quienes son los responsables del pago de esta obra y en qué medida corresponde al Puerto a la CHG. Recordemos que es el Puerto de Sevilla el que ejecutó la obra de la esclusa y que ahora nos instan a reinventar nuestro sistema de riego tradicional, sin necesidad de tanta urgencia por nuestra parte".

Reclaman responsabilidad y prudencia para no acabar con todo el sector

    La Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del Ministerio de Medio Ambiente aprueba el proyecto de dragado aun cuando asume que no se ha evaluado correctamente el impacto del mismo y que el aumento de la salinidad posiblemente se ha infraestimado. Además, concede únicamente al sector arrocero derechos de indemnización.

    Ante esto, "pedimos a las administraciones AMPARO urgente e información fehaciente, responsabilidad y sobre todo mucha prudencia ante este peliagudo asunto, vital para el ejercicio de nuestra profesión, permanencia de nuestros pueblos e industrias y protección de los miles de puestos de trabajo que generamos los arroceros y su entorno".

   A todo esto, recuerdan que el arroz se deprecia anualmente, debido a las importaciones de arroces de ultramar (países EBA) llevando los precios "a límites en los que se otea la desaparición de rentabilidad de forma cada vez más clara y tenebrosa. De postre los desmesurados y sumamente injustos aumentos de los costes eléctricos que se multiplicaron por varios enteros en los últimos años, y con perspectivas de seguir aumentando de forma inexorable".

    Con este tétrico futuro, creen que están obligados por imperativo económico y más que nunca, a ser "extremadamente cautos con cualquier tipo de inversión que se nos plantee, siendo prioritario y por encima de todo tipo de promesas, definir oficialmente los costes por hectárea final, incluyendo todos los epígrafes que sean necesarios, fechas de inicio, finalización y puesta en marcha de las obras".

    Por último, la FEderación de Arroceros de Sevila destaca que "reconozcamos cada uno nuestros propios errores, capitalicémoslos, abandonemos nuestros orgullos Taifistas y empecemos a mirar hacia el futuro con perspectiva, empatía y sin la necesidad de la muy antigua, y lamentablemente arraigada costumbre nacional de destruir al vecino y su casa, para ampliar la propia".