Eva Fernández, primer firmante del artículo, ha explicado a Efe que ésta es la primera vez que se publican resultados de ADN mitocondrial de poblaciones neolíticas de Próximo Oriente, algo "muy importante" porque este material genético "añade información sobre el origen genético de la población europea, un asunto que se debate desde hace medio siglo y que en los últimos quince años ha avanzado mucho gracias a estudios de ADN como éste".

      Durante miles de años, los movimientos poblacionales en la prehistoria han dejado una huella genética, es decir, "la gente se ha movido y esos genes han pasado de generación en generación" pero ahora gracias a técnicas genéticas "podemos intentar trazar esas migraciones y ver qué impacto tuvieron en distintas regiones".

      Actualmente, los científicos barajan dos modelos para intentar explicar el origen de los europeos. Uno sostiene que la mayor parte de la diversidad genética europea proviene de las expansiones poblacionales que tuvieron lugar hace 20.000 años, en el Paleolítico Superior, cuando el deshielo de la última glaciación permitió a las poblaciones del sur ascender a los territorios del norte hasta entonces ocupados por el hielo.

     El otro modelo afirma que los europeos actuales somos el resultado de los movimientos poblacionales que hubo en el Neolítico, un periodo de la prehistoria que nació en Oriente Próximo, en un área bautizada por los arqueólogos como el Creciente Fértil (Siria, Irak, sur de Irán, Jordania).

Pero ¿cómo llegó el Neolítico a Europa?.


     "Hay una hipótesis que dice que la neolitización de Europa fue un proceso de cambio demográfico, es decir, que se produjo a base de migraciones, y otra que sostiene que las poblaciones no se movieron, sino que sólo trasladaron su cultura y sus técnicas, que fueron copiadas por los cazadores-recolectores, explica a Efe Eduardo Arroyo, profesor de la Universidad Complutense y uno de los responsables de la investigación.

     En este estudio, los científicos compararon las muestras del ADN mitocondrial de los pobladores del neolítico del Oriente Próximo con el ADN de las poblaciones neolíticas europeas más antiguas analizadas hasta la fecha (de Cataluña y Alemania) y vieron unas similitudes genéticas que "indican que hubo expansión geográfica", subraya Fernández.

     Además, al comparar el ADN de los primeros agricultores del Próximo Oriente con el ADN de los habitantes actuales de la zona "hemos visto que hay una señal genética muy fuerte con los habitantes de Creta y Chipre, lo que significa que las primeras migraciones no se hicieron por tierra, sino por mar: desde Anatolia hasta Chipre, de ahí a Creta y luego al resto de Europa por Grecia".

     Finalmente, el estudio es "muy novedoso e importante" porque desde ahora el resto de la comunidad científica podrá utilizar estas muestras genéticas para investigar qué pasó con las poblaciones neolíticas europeas.

     Hasta ahora, la falta de datos de referencia obligaba a hacer este tipo de estudios comparando el ADN de grupos neolíticos con los de poblaciones actuales, "una comparación que no es adecuada porque entre unos y otros hay unos 10.000 años en los que pueden haber pasado muchas cosas", concluye.

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