Los urbanitas del siglo XXI huyen hacia el campo en busca de su propio futuro

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  A las oficinas de REDR se acerca "gente con conocimientos sobre nuevas tecnologías, muy capaz, universitarios con mucha actividad cultural detrás que traen ideas frescas y quieren trabajar desde el mundo rural con mucha imaginación".

   Aunque agricultura y ganadería siguen teniendo un peso muy importante, los nuevos modelos de negocio son fundamentales y llevan consigo "ideas muy innovadoras" como la producción de alimentos en huertos ecológicos, la recuperación de oficios artesanales perdidos o el turismo rural, según García.

   La agroindustria -sector que lideran Extremadura, Andalucía y Aragón- tiene cada vez un mayor peso en el campo español, lo que en opinión del presidente de REDR "subsana la carencia de industrialización que ha padecido el medio rural".

   La presidenta de la asociación Abraza la Tierra, Eva González, no está notando tanto ese éxodo rural y achaca el crecimiento de iniciativas empresariales en el campo a una "convicción" que "lleva mucho tiempo siendo madurada".

   No obstante, esta organización que aconseja a emprendedores rurales ha notado un gran aumento en el interés de los afectados por la crisis, quienes "contactan por centenares con nosotros, pero no están en disposición económica de cambiar su residencia e iniciar una empresa", ha explicado González a Efe.

   El perfil del que acude a esta asociación sin ánimo de lucro para pedir asesoramiento suele ser el de parejas jóvenes de entre 35 y 37 años, con estudios superiores, sin familia y con capacidad económica.

   Y es que las ayudas LEADER de la UE para emprendedores rurales, que entre 2007 y 2013 suman 1.700 millones de euros, solo cubren un 30 % del capital y obliga a los interesados a pedir préstamos bancarios, que muchas veces son denegados pese a contar con el aval de una ayuda europea.

   No fue el caso del madrileño Nacho Rodríguez, para quien el apoyo de la Caja Rural de Teruel fue fundamental para iniciar en 2000 su proyecto empresarial en el pequeño municipio de Torrevelilla (Teruel), de solo 196 habitantes.

   Allí, ha consolidado la empresa de embalajes Macoembal, que incorpora progresivamente nuevos productos de artesanía tradicional en peligro de desaparición en Aragón.

   En su caso, como en muchos otros, encontró en la falta de infraestructuras uno de los mayores inconvenientes, además de la excesiva burocracia y el "desconocimiento" de muchos funcionarios. Registrar una empresa -asegura- se convierte en una quimera "cuando eres el único que se dedica a esta actividad" en una comarca.

   Alberto Cremades, ingeniero de 46 años, también ha tenido que vencer "todo tipo de trabas" para renovar la licencia de su piscifactoría de tilapias en Adamuz (Córdoba) y obtener el correspondiente permiso sanitario porque, según denuncia, "nadie -en la administración- conoce el trabajo que realizas".

   Aunque también hay quienes han recibido ayuda de la administración como José Luis Inguanzo y sus tres socios, que con su empresa de turismo deportivo Palencia Activa han encontrado un nicho de mercado "sin competencia, donde los ayuntamientos de la zona nos han dado facilidades y los vecinos una gran acogida".

   Modelos de negocio que ejemplifican que, tal y como dice Aurelio García, el emprendedor rural "puede convertirse en una solución para la crisis" además de para los pueblos, porque "es necesario un nuevo contrato entre lo rural y lo urbano; la ciudad no da más de sí".