¿Metales pesados en los suelos agrícolas españoles?

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Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) han estudiado los contenidos de metales pesados en los suelos agrícolas de España. Su conclusión es que dichos metales se encuentran en valores tan bajos que no representan ninguna amenaza para la calidad de los cultivos.

Para realizar este estudio, financiado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, se recogieron más de 4.000 muestras de suelos procedentes de todo el territorio nacional, que han servido de base para generar, mediante técnicas de análisis espacial, el Mapa nacional de metales pesados de los suelos agrícolas de España*. En su gran mayoría, las muestras analizadas no presentaron valores elevados de estos elementos de potencial riesgo para la salud, por lo que, según sostienen los investigadores, nuestros suelos siguen siendo aptos para la producción agrícola y garantizan la calidad de sus productos.

No obstante, en algunas partes del territorio español, como los valles de los ríos Ebro y Duero, se observa un aumento en los niveles del mercurio -metal bioacumulable, uno de los elementos más tóxicos del planeta- como resultado del aporte humano al medio. Varias actividades, como la industria, la minería y las fundiciones, la quema de combustibles fósiles o la incineración de basuras, incrementan las emisiones de mercurio a la atmósfera y representan, hoy en día, dos terceras partes de mercurio global. Este mercurio termina depositándose en el suelo tras un viaje más o menos largo en la atmósfera (según los cálculos efectuados, el mercurio emitido a la atmósfera afecta a áreas de unos 20 kilómetros alrededor de la fuente de emisión).

A pesar de que las concentraciones actuales están por debajo de los límites legales establecidos, la deposición difusa del mercurio puede generar incrementos en la concentración edáfica, lo que causaría problemas de contaminación en el futuro. Por esta razón, los investigadores recomiendan el establecimiento de estrategias específicas para la protección del suelo.