EFE.- La intención de Capeco, que representa a las principales empresas del sector, es «vencer las malas condiciones» del Gran Chaco, región que ocupa la mitad occidental de Paraguay, además de parte de Argentina y Bolivia, para expandir la frontera agrícola en esta zona, según dijo a Efe el presidente de la Cámara, José Berea.

Desarrollar nuevas variedades de semillas transgénicas para esa región permitiría sumar 2 millones de hectáreas cultivables a los 3,2 millones de hectáreas ya plantadas de soja en Paraguay, dijo Berea.

Además, el país cultiva 700.000 hectáreas de maíz y 300.000 de trigo.

Paraguay es actualmente el cuarto exportador mundial de soja, sector que junto a la ganadería es el principal aportador al producto interno bruto (PIB) del país.

La Unión Europea recibió en 2013 el 39 por ciento de la producción de ese grano, según Capeco.

Monsanto ya posee variedades genéticas que se usan en el estado sureño de Mato Grosso, en Brasil, y pretende aprovecharlas por las similitudes climáticas con el Chaco, según dijo a Efe el gerente de Asuntos Corporativos de esa multinacional en Paraguay, Francisco Fracchia.

Expertos de la estadounidense Universidad de Misuri, estado donde se encuentra la sede de Monsanto, una de las mayores empresas dedicadas a la producción de semillas transgénicas del mundo, viajarán a Paraguay para probar las aproximadamente 100 variedades de las que ya disponen, dijo Francchia.

Organizaciones no gubernamentales de distintos países han mostrado su preocupación por la deforestación que sufre el Chaco, donde en los últimos diez años su superficie boscosa «se ha reducido de forma alarmante», según WWF, la mayor organización conservacionista independiente en el mundo.

El WWF achaca la pérdida de árboles a la expansión ganadera en la zona y a la falta de control gubernamental de las actividades de los grandes terratenientes.

El presidente de Capeco aseguró que la expansión de la agricultura en el Chaco, una región árida que además sufre lluvias torrenciales todos los años, «traerá un desarrollo diferente» al actual y aseguró que se hará «de forma sostenible».

«Lo haremos siempre con respeto a las leyes, no es idea nuestra ir al Chaco a deforestar», matizó Berea.

«Vamos a hacer todo lo que dice la ley, pero lo que no dice la ley no lo vamos a hacer», añadió el representante de los exportadores de granos, preguntado por si se han planteado promover acciones ecológicas en la zona al tiempo que invierten en agricultura.

En Paraguay la expansión de la frontera agrícola y del monocultivo de maíz y soja en la rica tierra oriental del país ha provocado que en diez años unos 900.000 labriegos hayan abandonado el campo camino a la capital por la menor demanda de mano de obra, según la Federación Nacional Campesina.

Algunos grupos de campesinos, un 42 por ciento de la población de Paraguay, se quejan también de la falta de control del Estado al uso de los pesticidas que los grandes productores aplican en las plantaciones de soja y maíz cada año, que según ellos contaminan sus fuentes de agua y a sus animales.

Paraguay es uno de los países con la concentración de tierra más desigual del planeta. Según la organización no gubernamental Oxfam, un 2,5 por ciento de la población posee el 85 por ciento de la superficie cultivable.

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