La Federación de Cooperativas Agrarias de la Comunitat Valenciana (Fecoav) decidirá en las próximas fechas el parar la actividad de campo y confección para evitar los ruinosos precios que está recibiendo el agricultor.
26/11/2008 (Noticia leida 442 veces)
FECOAV- Para ello, la organización cooperativa iniciará mañana un sondeo para que la totalidad de cooperativas se pronuncien en este sentido. Igualmente se ha acordado apoyar todas las iniciativas que emprendan las organizaciones profesionales agrarias. La paralización de esta actividad puede enviar al paro a más de 67.000 personas que directamente trabajan en la recolección y confección, además de los que resultarán afectados en la industria auxiliar como envases, embalajes, transportes, que podría hipotecar más de 100.000 empleos.
Cerca de un centenar de dirigentes de las cooperativas citrícolas han asistido a la asamblea general celebrada hoy en Valencia manifestándose en su práctica totalidad propensos a paralizar la actividad por las enormes pérdidas que están acumulando los agricultores. Numerosos intervenciones han coincidido en que "con los precios que estamos recibiendo es una burla a la dignidad del agricultor. A los precios que estamos cobrando nos sale más rentable dejar que la naranja se caiga al suelo. Aunque de esta forma perdemos la inversión realizada durante todo el año en las tareas de tratamientos, prácticas agrarias como poda, aclareo, etc…, aún así ganamos si dejamos de recolectar porque dejamos de acumular más pérdidas".
En estos momentos está en peligro la cosecha citrícola valenciana que genera una riqueza de unos 5.000 millones de euros que se distribuye prácticamente entre un millón y medio de familias valencianas que podrían dejar de ingresar en sus cuentas corrientes esta ingente riqueza. Dada la gravedad de la situación, también se va a pedir a Elena Espinosa, responsable de la actividad agraria española, que presente un plan de actuación con carácter inmediato similar a la contundencia con que ha actuado su homólogo industrial.
Cirilo Arnandis, Presidente de las cooperativas citrícolas valencianas, considera que "las cooperativas hemos demostrado en los últimos años nuestro compromiso manteniendo la actividad agraria pese a que los precios recibidos por el agricultor ha hundido sus economías. En nuestro ánimo está continuar generando empleo y riqueza en más de quinientos pueblos valencianos pero la caída de las ventas y el desplome de los precios está llevando a la ruina al agricultor. Nos consideramos legitimados, agrega Arnandis, para solicitar un plan de choque para la agricultura mediterránea al ser una actividad estratégica social, empresarial y medioambiental que necesita percibir la sensibilidad del Gobierno de España y de la Generalitat Valenciana".
Pese a los elevados precios que pagan los consumidores por los productos de la cesta de la compra, el agricultor cada día percibe menos por sus productos. De hecho desde hace una década el precio que recibe el agricultor no cesa de disminuir pese al incremento insostenible de todos los productos. Se ha llegado a la sinrazón que actualmente los precios que los ciudadanos pagan por las naranjas se incrementa hasta un 900 por ciento mientras el agricultor no llega a cubrir sus costes de producción. El sustancial aumento de márgenes de beneficios de la distribución está asfixiando a los agricultores y a los consumidores que restringen el consumo de unos alimentos saludables recomendados por las más prestigiosas autoridades médicas mundiales.
De hecho, la citricultura en la Comunitat Valenciana ofrece empleo directo a más de 67.000 personas entre recolección y manipulado que supone generar alrededor de 8,4 millones de jornales que elevan a 750 millones de euros los salarios pagados. Y es que la actividad citrícola en la Comunitat Valenciana está fijada por el convenio de recolección y manipulado que, en líneas generales, se estima un jornal de 87 euros diarios que reciben tres colectivos tan importantes en el medio rural como somos los agricultores, mujeres e inmigrantes.
A estos empleos generados directamente por la actividad citrícola, hay que agregar los empleos generados por la importante industria auxiliar agraria como transporte, envases, fitosanitarios, etc… La trascendencia de esta paralización del negocio citrícola podría afectar a más de 1000 camiones que dejarían de trabajar diariamente, que se agudizaría en los momentos punta de campaña que llegaría hasta los 3000 camiones diarios los que dejarían de trabajar.
Dada la urgencia en tomar decisiones se pide un plan de choque para elaborar zumos de naranja destinados al consumo de hospitales y colegios. Y es que el carácter perecedero de la agricultura exige evitar que cuando se quiera actuar la fruta cultivada durante todo el año se haya caído al suelo, al igual que el Gobierno de España implante sin ninguna demora el seguro de renta agraria para preservar la economía de los agricultores. Además, las cooperativas agrarias valencianas exigen que el Gobierno de España aporte transparencia a la conformación de los precios que recibe el agricultor y que paga el consumidor.
En estos momentos, los agricultores que trabajan durante todo el año, además de afrontar los costes propios del proceso productivo como podar, abonar, tratar las explotaciones, aclarar, etc… que pone en marcha toda la cadena agroalimentaria resulta que tan solo percibe el 10 por ciento del precio que paga el consumidor. Así pues mientras el agricultor es el motor de la estratégica cadena alimentaría son los intermediarios quienes se quedan la parte del león. Nada menos que el 90 por ciento del precio de los consumidores se los reparten quienes no asumen ningún riesgo climático en el proceso productivo. Entendemos que esta forma de conformarse los precios de los alimentos que componen la cesta de la compra exige la intervención de todo gobierno que se precie de ser civilizado, aportando transparencia en una actividad económica que es fundamental para el mantenimiento de los pueblos españoles, además de ser un sector exportador estratégico tanto para España como para la Comunitat Valenciana.
En estos momentos en que la economía mundial-global navega por aguas turbulentas, las cooperativas exigimos que la agricultura reciba el trato acorde con el compromiso que históricamente ha desempeñado en el mantenimiento de los pueblos, y en la generación de empleo y riqueza. Tan solo pedimos que los gobiernos apoyen a un sector productivo ampliamente arraigado en nuestra sociedad y cuyos valores medioambientales conectan con las más amplias mayorías de ciudadanos.
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