Las mujeres que vivimos y trabajamos en las zonas rurales de la provincia de Alicante también atravesamos por momentos difíciles en estos tiempos de crisis económica. Sin embargo, estamos demostrando nuestro potencial para dar respuesta al estancamiento económico y a la difícil situación que atraviesa el sector agrario. Por ello, debemos reivindicar que el futuro de las pedanías, puede mejorar si se apoya a las mujeres emprendedoras para que puedan abrir ‘nuevas puertas’, incidiendo en la importancia del papel que juegan y en su potencial para diversificar la economía y favorecer un mayor desarrollo.

    Pese a que somos verdaderas economistas familiares, cada vez resulta más complicado cuadrar las cuentas. Estas capacidades las trasladamos a las empresas agrícolas y ganaderas en las que trabajamos. Por ello, debemos seguir luchando hasta que se nos reconozca nuestro inestimable papel en el desarrollo de nuestra sociedad. Una de nuestras reivindicaciones tuvo su fruto en 2012, año en el que aprobaron que podamos ser cotitulares de las entidades que gestionamos junto a nuestros maridos.

    Además pretendemos que la mujer rural pueda acceder a las mismas oportunidades que si viviera en la ciudad. Para ello, es necesario que los servicios de proximidad estén disponibles en las zonas rurales, ya que tenemos derecho a gozar de las mismas prestaciones, independientemente del lugar donde uno resida.

   En materia de igualdad, también afrontamos recortes que suponen la evaporación de los compromisos políticos con los derechos de las mujeres y que conllevan un aumento de la brecha entre hombres y mujeres. Así, aunque hemos conseguido avances y aportamos mucho, los hombres continúan desempeñando una posición de dominio. Como ya afirmamos en las jornadas La Mujer Rural en el Siglo XXI, celebradas el pasado 10 de noviembre en Benidorm, recordad que las precursoras de la agricultura fuimos nosotras, mientras que ellos salían de la cueva para ir de caza. Además, nuestra mayor presencia, contribuye a fortalecer la maltrecha economía. Estoy convencida de ello, pero para conseguirlo, debemos ser conscientes de la importancia familiar y laboral que poseemos. ¡Somos imprescindibles! Nosotras mismas debemos reconocerlo, creérnoslo y recordarlo todos los días. De lo contrario, cómo pretendemos que se nos respete como corresponde y se nos escuche y tenga en cuenta como debiera. Este concepto, no justifica en modo alguno a los hombres que, cegados por la falta de inteligencia y valores, no entienden la importancia que posee la mujer, ni les ofrecen las oportunidades que merecen y lamentablemente siguen en sus manos.

    No voy a decir que no hayamos avanzado. De hecho, cada vez más mujeres creen en estas premisas, cuando las de nuestras madres y abuelas eran bien contrarias. El campo está viviendo una auténtica revolución social a favor de los derechos de la mujer. Sin embargo, aún nos quedan objetivos y sueños por alcanzar, que no podemos dejar a un lado. Para alcanzar lo que realmente queremos, primero debemos reconocer los obstáculos que nos impiden realizar nuestros objetivos. Y una de las vías para conseguirlo y que desde Amfar fomentamos es el asociacionismo y auto empleo.

     Por todos estos motivos y aunque pueda sonar paradójico por los problemas que afrontamos, no es momento para quejas. Apoyarnos en lo bueno y seguir peleando para cambiar lo malo, es una actitud más responsable y provechosa que la del lamento y el cansancio. Las mujeres debemos dedicarnos más tiempo a nosotras mismas. Independientemente de la edad que tengamos, hoy más que nunca, debemos trabajar con fuerza e ilusión porque 2013 no se ha presentado fácil, pero si luchamos sin descanso es más probable que los acontecimientos que devengan, sean más propicios. Por todo ello,  quiero animar a todas las mujeres y trabajadoras del campo a luchar con todas sus fuerzas para abrirse camino. Entre todas, construiremos una sociedad mejor.

×