Pedro Rubira Marco / Presidente de la Sectorial de Uva de Mesa de ASAJA Alicante

Cuando llegamos al cauce Medio del río Vinalopó, nos encontramos un paisaje lleno de campos plantados de vides, que en los meses de primavera y verano dan un colorido espectacular a todo este territorio alicantino. A partir del mes de julio, la mayoría de estos campos se visten de blanco, color que contrasta con el verde intenso de las plantas. Es en este momento cuando ya hemos colocado los bolsos que protegen la uva de mesa y que nos permitirán conseguir un matiz más: el dorado que caracteriza a nuestros espectaculares racimos y que desde septiembre y hasta diciembre, podrán disfrutar consumidores de todo el mundo.

Gracias a la técnica del embolsado, conseguimos unas características en esta fruta, que le permiten diferenciarse en los mercados y contar con una prestigiosa Denominación de Origen. Aspe, Hondón de las Nieves, Hondón de los Frailes, La Romana, Novelda, Monforte del Cid y Agost, ubicado en la comarca de l´Alacantí, forman la zona de producción de la Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó, también conocido como El Valle de las Uvas.

Recuerdo los años 60 y 70. Entonces el valle tenía como cultivo, en más de un 80%, a la uva de mesa. Eran pocas las familias que no tenían ninguna plantación. Alternaban el cultivo de la uva con el trabajo en otros sectores. Se trabajaba de forma familiar, durante los fines de semana y fuera del horario laboral. Los agricultores de entonces ya luchaban contra la escasez de agua, pero sobre todo contra la climatología: el viento; el pedrisco (el más temido); las lluvias de finales de verano y otoño, que hacían que nuestros racimos se dañaran por un exceso de humedad,…

Aún recuerdo aquellos agricultores, entre ellos mi padre, que cuando se formaba una tormenta acudían rápidamente a las casetas donde estaban preparados los cohetes que se lanzaban a las nubes para tratar de evitar la granizada y que hubiera daños en los racimos. Todos lo hacían de forma altruista, por el bien de todos.

Medio siglo después, más de dos mil familias todavía viven de la uva de mesa. Este cultivo genera doce mil puestos de trabajo directos e indirectos. Permite que funcionen otras muchas empresas auxiliares de transporte, de fabricación de envases, de sistemas de riego y montajes de parrales, empresas de abonos, de fitosanitarios, talleres mecánicos y así un largo etcétera.

Como contrapartida, el cultivo de la uva de mesa es muy costoso. Por citar un ejemplo, colocar una bolsa de papel racimo a racimo conlleva mucha mano de obra y muchas horas de trabajo. Por si fuera poco, en los últimos años, los costes de producción se han elevado demasiado rápido, mucho más que el precio que le dan a nuestros racimos.

Ahora, aunque también miramos al cielo, estamos más protegidos. Desde 1978 contamos con una herramienta para asegurar nuestras cosechas. El seguro agrario vio la luz en este año y consta de tres partes: una estatal (Enesa), una privada (Agroseguro), y una tercera que yo llamo social y que la componen organizaciones agrarias y cooperativas. Los 40 años que ha cumplido el seguro, demuestran que sí ha funcionado. En todo momento Enesa había actuado como árbitro mediador entre los productores y Agroseguro para consolidar un seguro justo. Por desgracia, esta trayectoria de buen hacer por parte de Enesa, se empieza a torcer desde hace un par de años al posicionarse cada vez más cerca de los intereses mercantilistas de Agroseguro.

En 2019, el vaso ya se ha colmado y el agua se derrama, se cae y se desperdicia en contra de los agricultores y en beneficio de Agroseguro, donde están las grandes compañías. Este año han aprobado un plan de seguros con la única finalidad de cargarse el sector de la uva de mesa con un seguro inviable, tanto por el aumento de los costes, como por la bajada de las coberturas. ¡¡Todo para ellos y para el agricultor: nada!! ¡¡Pero nada de nada!! En caso de siniestro, no cubre ni los gastos de producción. Parece que arranca la cuenta atrás para un sector tradicional, único en el mundo, que da de comer y permite pagar muchos impuestos.

Aún no me puedo creer que la entidad estatal Enesa nos esté haciendo esto, que se ponga del lado de las grandes compañías, de quienes siempre ganan y olvide y abandone a todos los agricultores de la uva de mesa. No puedo creerlo, me niego, pienso que es un mal sueño del cual despertaremos. Mantengo la esperanza en que termine la pesadilla. Confío en que escuchen a todos los afectados que protestaremos este viernes ante la Subdelegación del Gobierno y se imponga la lógica y la justicia. Nos están ahogando.

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