La carrera por substituir al francés Pascal Lamy al frente del órgano que rige el comercio mundial ha sido una ardua disputa que iniciaron nueve candidatos -además de los citados, siete aspirantes provenientes de Costa Rica, Corea del Sur, Ghana, Indonesia, Jordania, Kenia, y Nueva Zelanda- y que ha llegado a su recta final.

    El próximo martes 7 de mayo, la troika de embajadores designada para elegir el candidato que obtenga mayores apoyos y agrupe mayor consenso de los 159 países miembros de la OMC informarán de quien ha sido el elegido.

    La prensa ahonda en la idea de que Blanco cuenta con el apoyo de la Unión Europea, de Estados Unidos, de los países de la OCDE en general y los miembros del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), al que México pertenece.

    Azevêdo no quiso expresar explícitamente cuales son sus apoyos, pero reiteró que cuenta con el soporte de naciones de todos los grados de desarrollo, lo que según él, se demuestra por el hecho de que su candidatura siga en liza.

    "Mi discurso es el mismo para unos que para otros, mi candidatura quiere alcanzar a todos: la liberalización económica es buena y necesaria, pero tiene que adaptarse a las prácticas políticas de cada país".

    De hecho, Azevêdo asumió que las negociaciones en el seno de la organización para destrabar la encallada Ronda de Doha, el proceso de liberalización comercial paralizado desde hace un lustro, no avanza.

    "Las cosas no van a la velocidad que se requiere. Está siendo muy difícil encontrar consensos y la verdad es que estamos atrasados".

    La idea del candidato brasileño, compartida por la mayoría de los miembros, es lograr aunar posturas de manera suficiente para que en la reunión ministerial del próximo diciembre en Bali se pueda acordar una pequeña parte del "paquete total" del acuerdo de Doha.

    "Sino lo conseguimos no va a ser el fin del mundo. Pero va a ser un mundo más difícil. Lograr algo en Bali daría confianza a los miembros", concluyó.

"Me represento a mí mismo, no a una nación"


    Azevêdo ha insistido durante toda su campaña que a pesar de ser diplomático de carrera de su país, de representarlo desde 2008 ante la OMC, y de contar con el apoyo explícito del gobierno brasileño, él se representa a si mismo, no a una nación, y que así debe ser percibido.

    Es por ello que no da mayor importancia al hecho de que los dos finalistas sean latinoamericanos, más allá de estar contento por el reconocimiento de que la región haya aportado dos candidatos de suficiente calidad y solvencia para llegar hasta la final.

    Dicho esto, recordó que él conoce perfectamente los engranajes de la institución dado que durante tres lustros se ha dedicado exclusivamente a tareas relacionadas con el comercio multilateral, en contraposición a Blanco que si bien negoció varios acuerdos comerciales bilaterales para su país, ha pasado la última década trabajando para la empresa privada.

    "La situación requiere que el candidato que gane asuma las riendas inmediatamente. No va a tener tiempo de estudiar".

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