Ruiz-Mateos pide su ingreso en prisión, “harto de ataques permanentes”

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    Ha asegurado que "no puede más" y que "renuncia a resistirse contra tanta maldad", después de "tanta lucha durante décadas, con la infamia permanente, la injuria y la calumnia contra mi identidad personal y empresarial".

    Ha afirmado que solicita su ingreso en prisión "después de los engaños, las traiciones y la persecución continuada por parte de una Justicia que jamás se dignó a investigar las viles trampas de las que fui víctima, quedo agotado de buena voluntad, de fe en la Justicia, harto de ataques permanentes".

    En el comunicado dice ser consciente de su cansancio por la edad y "el desgaste del alma, mi resistencia se ha roto para regocijo de los que no pararon hasta conseguirlo. No puedo más".

    En su línea con otros comunicados anteriores, ha reiterado que se siento orgulloso de su obra empresarial y financiera que "tan mala no pudo ser si se repartieron mis 23 bancos entre los grandes de la Banca de entonces y se especuló con mi patrimonio expoliado de una manera canallesca, lucrativa e impune."

    Ha añadido que cualquiera de sus sociedades "expoliadas, robadas y saqueadas hubiera resuelto la situación actual de drama y tristeza".

    Ha destacado que se siente orgulloso de haber donado "miles de millones de euros a la Iglesia y a cuantas personas necesitadas tuve el privilegio de apoyar toda mi vida. Me siento muy satisfecho de haber creado y mantenido muchísimas decenas de miles de trabajos de personas que me acompañaron en mi labor profesional y a las que estoy profundamente agradecido".

    En relación a los cerca de 4.000 inversores que depositaron unos 390 millones de euros en pagarés en compañías de Nueva Rumasa que posteriormente se declararon insolventes, ha afirmado que sigue en su empeño de responder por cuantos confiaron en su persona y sacrificios y pide "a Dios fuerzas, incluso en prisión, para cumplir mi inexcusable compromiso de dignidad".

    Ruiz-Mateos ha apuntado que es consciente del drama que los inversores viven día a día y que "pueden tener la absoluta certeza de que cobrarán".