Todos podemos ser celíacos, hasta que no se demuestre lo contrario

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     Rodrigo, jefe de Digestivo del Hospital Central Universitario de Asturias (HUCA), se reconoce "un buen amigo" de la mayoría de los casos diagnosticados en el Principado, aunque "desgraciadamente" asegura no estar encontrando "muchos" compañeros que le sigan. Cifra en una treintena los especialistas médicos existentes en España para celíacos adultos y apenas el doble en la infancia.

    "Ni exagero ni estoy equivocado, me avala el incremento del consumo de productos sin gluten", enfatiza el experto ante el "notable" aumento del número de afectados y la "gran variedad" de nuevos alimentos que oferta el mercado para celíacos.

    Sostiene que Europa "nos aventaja", pero España "se está incorporando" de la mano de la Sociedad Española de Enfermedad Celíaca (2008), que celebra congresos bianuales. El pasado noviembre reunió a 120 médicos, "la mitad eran investigadores básicos, la otra mitad clínicos", cantidad "claramente insuficiente para una población de 47 millones de habitantes".

    Del cerca del millón de celíacos que hay en el país, solo un 20% está diagnosticado, afirma el especialista. La intolerancia permanente al gluten convierte a la EC en una "enfermedad generalizada" que puede dar lugar a "todo tipo" de trastornos en un porcentaje poblacional "muy considerable", ya que la prevalencia de celíacos es del 1 al 3 por ciento, "altísima" para una enfermedad.

    Dermatitis, psoriasis, eczemas, anemia, diabetes, trastorno tiroideo, problemas de fertilidad, trastorno menstrual, aborto, embarazo difícil, osteoporosis, reumatismos, fibromialgia, algunas formas de epilepsia, esclerosis múltiple, dolores de cabeza y depresión son patologías citadas por el especialista vinculadas a la EC, y hasta "es posible que tenga que ver con algún tipo de cáncer".

    Unos veinte años es el promedio de tiempo que tarda un celíaco en ser diagnosticado, período en el que Rodrigo relata un periplo "interminable y muy penoso" de los pacientes, que "deambulan por repetidas consultas con distintos especialistas", los cuales "no piensan que la celíaca pueda ser la enfermedad que causa sus diversas molestias".

    "Me sientan mal las digestiones, hincho mucho cuando como, tengo ardores de estómago, voy mal al baño y lo hago con diarreas o estreñimiento, o ambos", son síntomas revelados por los pacientes, ante los que el médico responde: "¡Vaya, no te preocupes, eso son solo nervios que te afectan a la digestión!".

    En este escenario, el experto manifiesta que hay que estar "mentalizado para el cambio del enfoque del problema", con una apuesta por contemplar la EC como posible causante de los trastornos, cuyo diagnóstico se complica con el "despiste" que en "muchas ocasiones" generan las pruebas analíticas cuando éstas resultan "negativas".

    Propone que, ante malas digestiones, se busque de "manera intencionada" la posibilidad de que el afectado sea un posible celíaco, y cita "experiencia y conocimiento" como requisitos de los patólogos que examinen las biopsias del duodeno, donde "mejor se ve la inflamación".

    "Se diagnostica poco, se frena mucho y se desconoce el valor de pruebas que acaban siendo imprecisas", sostiene Rodrigo al resumir la situación actual en la que "el enfermo sigue dando vueltas, con diagnósticos peregrinos".

    A la pregunta de cuál sería la solución, responde que es "cuestión de querer", y plantea que ante un paciente que sigue mal, aunque las pruebas de serología y endoscopia sean negativas, le recomendaría ponerse a dieta sin gluten durante un tiempo de seis meses. "¿Qué ocurre en la mayoría de los casos? Una notable mejoría".

    Propone abonarse al consumo del maíz y el arroz, los dos únicos cereales que no contienen gluten, el cual está en el trigo, el centeno, la cebada y la avena; así aconseja prescindir de "todo lo que venga emparentado con estos cereales, por lo que los celíacos no deben beber cerveza" y propugna "la dieta de las tres pes: sin panadería, pastelería y pizzería".

    Abanderado de una alimentación "sana y completa", propugna un "cambio de chip, sobre todo, para los jóvenes, acostumbrados a comer la comida basura, admitida como "buena, bonita y barata", pero que no es ni buena, ni bonita, ni barata, y se paga muy caro porque se juega con la salud".