Un científico logra entrenar abejas para detectar las enfermedades de los cereales

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      Para Filipovic, especializado en electrónica, es posible crear “un aparato que de hecho registre” lo que detectan las abejas. “De esa forma, es posible ver con facilidad lo que ocurre y si han hallado el olor (del hongo)”, explica el joven que ha realizado un estudio al respecto en el Centro de Investigación de Petnica, a unos 90 kilómetros el oeste de Belgrado.

    Esa institución oficial del Estado serbio reúne a jóvenes investigadores, interesados en diferentes campos científicos.

Creaciónde algoritmos especiales y de un entrenamiento específico

    Para seguir la reacción del insecto de extraordinario sentido del olfato, Filipovic ha desarrollado algoritmos especiales.

     Además, junto a otra joven bióloga serbia, Andjela Todevic, ha desarrollado un entrenamiento específico de las abejas, “fijándolas” en un soporte especial, creado para esos fines en una impresora 3D.

    Aunque no pueden volar cuando están fijadas al soporte, las abejas siguen agitando sus alas, algo indispensable porque si se impide totalmente el movimiento de su cuerpo, las abejas “están bajo estrés y no pueden reaccionar a los olores”, asegura Filipovic.
Recompensa:

    Las abejas reciben una recompensa azucarada junto con un estímulo, en este caso, un determinado olor, y “después de unas cuentas veces, aprenden a vincular el estímulo con el alimento”.

    “De modo que cada vez que recibe ese estímulo la abeja supondrá que llegará también la comida y sacará de inmediato la probóscide, para su consumo”, precisa Filipovic.

         “Ese reflejo es inherente a su sistema nervioso (…), así es cómo se orientan por los olores de las flores en la naturaleza, y cuando se posan sobre una planta que es la fuente de su alimento sacan su probóscide para recoger esa comida de las flores”, explica.

     En su investigación, ha hecho experimentos con el olor de eucalipto porque en el centro para jóvenes científicos no permiten usar sustancias peligrosas. “Las abejas tienen de verdad un enorme potencial”, asegura Filipovic, al tiempo que lamenta el peligro que para estos animales supone el frecuente uso de pesticidas