La organización agraria Asaja Córdoba ha lamentado que el consumidor pague en diferentes productos hasta un 817% más que el valor recibido por el agricultor de cultivos de cereal, por lo que los bajos precios llevan a muchos de ellos a plantearse su transformación en leñosos como el olivar o el almendro, más rentables en este momento; y en otros casos, optando por abrir el abanico y buscar alternativas a las rotaciones tradicionales de trigo-girasol.

Esto está provocando que la superficie de trigo blando en Córdoba haya bajado de las 31.281 hectáreas en 2015 a las 22.358 hectáreas en 2016, siendo la segunda provincia andaluza con mayor superficie por detrás de Sevilla (44.845 ha.) y seguida por Granada (10.356 ha.) y Cádiz (9.715 ha.).

“Algunos eslabones de la cadena de valor han aumentado el margen de beneficio, pero el agricultor no ve incrementadas sus ganancias”

Ello es debido a que el precio de la gran mayoría de las materias primas destinadas a alimentación tiene una tendencia positiva en destino, pero, sin embargo, el beneficio que recibe el agricultor por sus productos va en descenso. Esto es motivado, tanto por el alto nivel de insumos que se aportan a las explotaciones, que es cada vez mayor con los gastos que genera, como por el descenso en el precio que éstos perciben de sus cosechas.

El presidente de Asaja Córdoba, Ignacio Fernández de Mesa, añade que “con esta evolución, se deduce que, en algunos eslabones de la cadena de valor, desde que sale del agricultor hasta que llega al destino, se ha aumentado el margen de beneficio, pero el agricultor no ve incrementadas sus ganancias a pesar de que el precio final del producto haya aumentado”.

Por ejemplo, la diferencia entre lo que recibe el agricultor por un kilo de trigo y lo que paga el consumidor en destino por su equivalencia en productos alimenticios es bastante amplia. Según la última mesa de cereales de la lonja de Córdoba del 27 de julio, atendiendo a valores medios, a la especie (trigo duro o trigo blando) y la calidad del grano (contenido en proteínas, peso específico, vitrosidad, índice de caída, etc.) observamos que el precio del trigo duro que se paga al agricultor se sitúa en 0,23€/kg y el trigo blando (panificable) está en 0,18 €/kg.

El precio de un kilogramo de pan es de 1,88 €/kgy el de la pasta,2,06€/kg, pero el agricultor cobra 0,23€/kg

El rendimiento harinero del trigo oscila entre el 70-75%, esto significa que para obtener un kilogramo de harina es necesario aproximadamente 1,4 kg de trigo. Si se toma un valor medio del trigo de 0,23€, el precio de un kilo de harina sería de 0,32€. A su vez, el porcentaje de harina que lleva un pan de un kilo es, aproximadamente, del 60%. Debemos tener en cuenta que el coste adicional de levadura, agua, sal, etc. se estima sobre 0,05€/kg.

De este modo, obtenemos que el precio de coste de un kilogramo de pan es de 0,23€ y de un kilogramo de pasta 0,29€. Tomando valores medios de varios establecimientos, obtenemos que el precio que tiene el pan es de 1,88 €/kg. Por su parte, en el caso de la pasta, el precio es de 2,06€/kg.

Por tanto, teniendo en cuenta los datos anteriores, podemos concluir que el incremento de precio desde que un kilo de trigo sale del agricultor hasta que llega al consumidor de forma elaborada, bien sea mediante pan o pasta, y excluyendo los aditivos, se incrementa en un 817% en el caso del pan y 710% en el caso de la pasta.

1 Comentario

  1. Quien va solucionar esto,llevamos años oyendo que los agricultores son los que menos ganan en la cadena alimentaria ,siempre igual con los porcentajes y ni sindicatos que hablan tanto ni ministerio de agricultura hacen nada ,cuando va a terminar esto de reírse de los productores vale ya..Que si el campo no produce la gente no come.la tierra para el que la trabaja

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