Una reciente pregunta parlamentaria, registrada por el diputado de Ciudadanos, Toni Cantó, cuestionando y censurando los métodos que la Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico, (Aeceriber) utiliza para testar y verificar la pureza de los animales reproductores de la autóctona raza porcina ibérica y su posterior inscripción en el Libro Genealógico, ha puesto al descubierto los más de 3,5 millones de euros que el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha reconocido haber entregado a Aeceriber durante la última década, en concepto de subvenciones para la gestión del citado registro censal, cuya administración oficia en exclusiva Aeceriber desde 1987, “burlando las condiciones de compatibilidad” de la UE, según recoge elcorreodeextremadura.com. Dentro de esta cantidad están los 132.182,55€ del año 2015 ya publicados por nuestra web, a los que se suman los 172.006,18€ de la Junta de Andalucía y los 113.738€ de la Junta de Extremadura.

Estas millonarias aportaciones ministeriales proceden mayoritariamente del fondo del Programa Agrícola de Desarrollo Rural, –cofinanciado por la Unión Europea–, y figuran vinculadas al estricto cumplimiento de lo que el prevalente Reglamento (UE) Nº 702/2014 (por el que se regulan determinadas ayudas para los sectores agrícola y forestal) define como Libro Genealógico: “cualquier libro, registro, fichero o sistema informático, en el que se inscriban o registren los animales reproductores de raza pura de una raza determinada, haciendo mención de sus ascendientes (progenitores)”.

Razón de ser, que confluye igualmente en el decálogo ideológico de Aeceriber, “los Libros Genealógicos de las razas domesticas nacieron con la intención de garantizar la pureza racial y verificar las genealogías de las razas de las diversas especies domesticas”.

Según destaca este medio, el Ministerio de Agricultura, hace caso omiso del artículo 2, apartado 48, de este Reglamento de la colección Comunitaria, –que paradójicamente reconoce manejar–, a la hora de canalizar y repartir estas millonarias subvenciones, puesto que Aeceriber ha empadronado en el Libro Genealógico 455.000 ejemplares (a 4,93 € por cabeza) que no disponían de ascendencia conocida (parentesco directo) ni pedigrí de la raza ibérica.

“Algo difícil de explicar, si se tiene en cuenta además que una copia de dicho archivo censal figura depositada en la base de datos del propio Mapama y es sometida a continuas actualizaciones”, se señala en el artículo.

Registro auxiliar para camuflar impunemente reproductores sin parentesco conocido

Asimismo, en el texto del artículo se señala que uno de los puntos más sobresalientes que incluye la norma de calidad del cerdo ibérico, pasa por la obligatoria inscripción en el Libro Genealógico, de todas las madres reproductoras existentes en las explotaciones que cumplan con el prototipo racial, –una especie de patrón morfológico–, que Aeceriber ha diseñado con las características anatómicas supuestamente comunes a todos los ejemplares de la raza ibérica.

El “modus operandi” seguido por sus técnicos, –aprobado previamente por el propio Mapama–, para identificar y calificar a todos estos ejemplares como animales de pura raza o 100% ibéricos, culmina con una sencilla revisión visual sobre prefijadas partes corporales del animal.

Para camuflar a estas más 431.000 falsas madres reproductoras, en el archivo de la raza ibérica, (representan el 84% del censo total) la cúpula de Aeceriber acondicionó en el año 2008 un fichero satélite, dentro del reglamentario Libro Genealógico cuyo nacimiento se remonta a 1987. Este periférico registro censal, –bautizado como auxiliar–, fue creado ex profeso “para inscribir hembras con una edad mínima de 6 meses que posean los caracteres definitivos de la raza y carezcan de antecedentes genealógicos”, según reza una de las cláusulas de su arquitectura composicional.

Ceremonia procedimental, que también pone en valor su presidenta, Lucía Maesso, en declaraciones a  la revista Consumidorex, “en la sección auxiliar se incorporan sólo hembras por primera vez y con genealogía desconocida. El Libro Genealógico da un trato muy diferente a los padres y a las madres, pues permite la admisión de hembras sin genealogía, pero no de los machos cuya inscripción requiere pureza conocida desde sus abuelos como minino”.

Pero la caprichosa realidad, se encarga de despejar las sombras que empañan la cada vez más difusa y opaca gestión de Aeceriber. Al analizar la citada sección auxiliar, se constata que a finales del año 2013, había igualmente inventariados 23.597 sementales cuneros, es decir, machos sin progenitores conocidos.

La solución para generalizar la contaminación genética en la cabaña ibérica

La reforma de la reglamentación del Libro Genealógico, propuesta por los responsables de Aeceriber y aprobada en marzo de 2016 por el vigente Director General de Producciones y Mercados Agrarios del Mapama, Fernando Miranda, permite catalogar, normalizar y registrar como ibéricos puros de pleno derecho, “a todos aquellos reproductores de ambos sexos que tengan al menos dos generaciones completas de ascendientes (padres y abuelos paternos y maternos) inscritas en el libro genealógico de la raza ibérica”.

En el artículo también se incide en que mediante este desconcertante y esperpéntico beneplácito ministerial, –muñido y fraguado a medida, para abortar la recuperación de la autóctona raza pura, por quienes deberían ser sus primeros defensores–, se regulariza la futura transferencia y propagación de material genético de otras razas porcinas a la piara de reproductores, que año tras año engrosarán por miles la sección principal del Libro Genealógico como artificiosos ibéricos de pura raza, puesto que la mayoría serán portadores de cargas genéticas de una abuela materna, –como hembra reproductora base o primaria–, que fue apuntada en el Libro Genealógico de la raza sin disponer del 100% de pureza genética ibérica, sin parentesco conocido y sin haber sido sometida a pruebas de genética molecular (análisis del ADN).
La tendencia actual, –liberalizando e intensificando la introducción de animales contaminados genéticamente en el registro censal–, dista mucho del modelo que avanzaban y abrazaban estos mismos mandatarios de Aeceriber, –allá por el año 2012–, decretando como obligatoria la aplicación de medidas de control científico para borrar cualquier atisbo de sospecha sobre la pureza de los reproductores archivados en el Libro del porcino ibérico, “debido a los cruzamientos indiscriminados entre la raza ibérica y la duroc, los caracteres morfológicos de los ejemplares alumbrados, en algunos casos se ocultan y podrían no apreciarse a simple vista, razón por la cual la aplicación de las técnicas de genética molecular sobre los animales pertenecientes al Libro Genealógico de la raza es una obligación de Aeceriber de cara a la veracidad del mismo (…)”.

 

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