La ex ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, siempre se caracterizó cuando estaba al frente del entonces Mapama por su perfil técnico y la falta de sensibilidad para afrontar los problemas del campo español. Todas las organizaciones alabaron su capacidad para dialogar y buscar soluciones, al ser una persona que sabía de lo que hablaba, pero siempre se le critció que nunca se acercara a una explotación agraria o ganadera a conocer su realidad. Nunca se manchó de agua y barro sus botas y, paradojas de la ida, ahora que ya no es ministra se mete en el mayor charco político de su vida: menospreciar a los escolares andaluces a dos meses de las elecciones autonómicas.

Una simple pregunta sobre qué opinaba del regreso de la asignatura de Filosofía al Bachillerato ha acabado con una crisis política dentro del PP. Sus declaraciones de que «lo que sabe un niño de diez años en Andalucía es lo que sabe un niño de ocho en Castilla y León» no ha sentado nada bien en esta CCAA, hasta el punto de que sus propios compañeros de partido en Andalucía le han dado la espalda y criticado sus palabras y dejado en muy mala posición a su jefe Pablo Casado, que se ha visto obligado a respaldarla a ella… y a sus críticos (signifique lo que signifique esta postura).

La actual vicesecretaria de Acción Sectorial del Partido Popular, tras la pérdida del Gobierno a manos de Pedro Sácnhez, sobrevivir en el seno del PP y lograr un buen escaño justo detrás de Casado en el Congreso. Pero da la impresión de tras meterse en este charco (que ha intentado posteriormente matizar sin demasiado éxito) su figura política puede comenzar a menguar de forma acelerada y conformarse con volver a esperar que haya otro cambio de Gobierno y pueda regresar al mismo Ministerio que le alzó como una buena ministra… siempre que siga lejos de cualquier charco.

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