La patronal del ibérico, elige como presidente a un forofo del cochino cruzado de granja y pienso

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Constantino Martínez / Especialista en jamón ibérico

Resulta incomprensible que la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI) haya investido -hace bien pocos días- como nuevo presidente a Antonio Prieto. El sucesor de Francisco Javier Morato, (mandatario de funesto recuerdo para los intereses del autóctono cochino de la raza ibérica) ha anticipado algunas de las líneas de actuación sobre las que pivotará la acción de su gobierno, y desgraciadamente la nueva etapa que se abre en el ibérico no es precisamente esperanzadora para la cabaña ganadera del soberano animal de pura raza.

El recién nombrado presidente de la interprofesional sectorial, -un multifacético sindicalista agroganadero extremeño afilado a UPA, (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos)-, ha destacado siempre por su defensa a ultranza de las producciones de animales híbridos -de indefinida filiación racial- para los que la reglamentación sectorial (R.D. 4/2014) reserva y acuña trucadamente la denominación de raza IBÉRICA.

Cabe recordar, una vez más, que este animal mestizo de sintética raza, (alumbrado en primera generación, mediante el cruce reproductivo entre un semental puro de la raza norteamericana Duroc y una hembra de nuestra autóctona raza Ibérica) no figura censado entre las cinco variedades que en su conjunto constituyen la verdadera y reglada raza porcina ibérica, y que aparecen asentadas en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España.

La referida patronal sectorial del ibérico que monopoliza el control sobre la rama productora y transformadora, figura reconocida desde el año 1999, -por el Ministerio de Agricultura-, como una asociación interprofesional agroalimentaria sin ánimo de lucro, y tiene entre sus más notorias finalidades, “la representación y la defensa de los intereses comunes de los ganaderos e industriales del sector del cerdo ibérico”. Y, de manera intrínseca, su principal misión “es la defensa de la raza ibérica pura”, según atestiguan varios artículos de sus estatutos y manuales de actuación.

A la vista de los cardinales principios y fundamentos que deben regir perentoriamente las actuaciones de ASICI, resulta inverosímil y contradictorio que la interprofesional del porcino ibérico -durante los próximos cuatro años- vaya a estar capitaneada por Antonio Prieto, un sindicalista de escaso bagaje acumulado, que siempre ha mostrado su subordinación a una nefasta y aviesa Ley sectorial, que desde su entrada en vigor -hace casi 20 años- ha provocado el vertiginoso descenso de los ejemplares de la fidedigna raza porcina ibérica.

Su confesa pretensión reformista no pasa precisamente por desarrollar un proyecto de gobierno que evite el cisma, la escisión y la descomposición en la que se encuentra sumido actualmente el sector, sino todo lo contrario, sus esfuerzos están encaminados a impulsar las producciones del cochino cruzado de pienso, (indebidamente calificado y bautizado como de raza ibérica) engordado intensivamente por millones de cabezas en verdaderas factorías industriales.

Este prioritario propósito, se hizo aún más patente en la reunión extraordinaria que la Junta Directiva de ASICI celebró en Zafra (Badajoz) el día 18 de julio del año 2018.

En aquella ocasión, Antonio Prieto, rubricó en representación de UPA, los acuerdos alcanzados en el pleno de la interprofesional del cerdo ibérico.

Lejos de defender al verdadero cochino de la autóctona raza ibérica, Prieto estampó su firma en la propuesta que propone la reforma de la norma de calidad del ibérico, y que entre otras nefastas pretensiones demanda rebajar la edad de sacrificio de los actuales 10 meses a los filosofales 8 para la categoría comercial del ibérico de cebo, (modelo intensivo de producción más lucrativo y que polariza el sector con una cuota próxima al 70%) argumentando un supuesto “avance desde la implantación de la norma en 2014 hasta hoy, registrado tanto en genética como en sistemas de alimentación”.

No cabe duda de que esa desvirtuada y demagógica justificación, -a modo de poderoso maná-, lejos de proporcionar protección a la genuina raza porcina ibérica y sus producciones extensivas ligadas a la dehesa, actuará siempre en su contra. Proyectar una nueva regulación sectorial para amplificar y fortalecer únicamente el frenesí productivo de cerdos híbridos de una indefinida familia racial, lejos de actuar como panacea, a corto plazo solo servirá para generar nuevas dificultades al colectivo de criadores de la autóctona y pura raza (condenados igualmente al ostracismo y la marginación por todas las instituciones) y otorgar ventajas adicionales al supremacista y blindado imperio cruzadista, que verá eliminado así de un plumazo cualquier atisbo de competencia.

El daño infligido al ibérico resulta ya insostenible, y las cifras no hacen más que confirmar el viaje a los abismos que han sufrido las producciones del cochino de la pura raza ibérica, desde la entrada en vigor -enero del año 2014- de la última reforma de la normativa sectorial.

En términos cuantitativos, la dimensión del acusado desequilibrio impresiona al cotejar el número total de animales sacrificados de estas dos antagónicas familias raciales, perversamente encajadas en la misma legislación sectorial. Desde primeros del año 2014 y hasta finales del año 2017, -último ejercicio informado por Agricultura-, los animales 100% ibéricos sumaron solamente 1.142.650. Mientras que los ejemplares híbridos totalizaron 10.431.217. De esta última cifra, el 69% (7.174.165) eran de cebo ibérico con brida blanca.

Y por si esto no fuera ya suficientemente nocivo y penalizador para los rebaños de la cabaña ganadera del auténtico cerdo ibérico, el discurso de Antonio Prieto también comulga con las furtivas invenciones que preconiza el Ministerio de Agricultura. Discrecionales procedimientos administrativos que franquean y desbordan la legalidad vigente y que han llevado al diputado de la comisión de agricultura de Ciudadanos en el Congreso, Toni Cantó, a denunciar reiteradamente en varias preguntas parlamentarias.

Antonio Prieto, al igual que el resto de los miembros salientes de la junta directiva de la patronal del ibérico, lleva tiempo demandando el uso de machos sementales de prototipo Duroc, -ejemplares sin tasación racial aprobada-, para las producciones tuteladas por la Norma de Calidad del Ibérico. Medida que Agricultura consintió el pasado 11 de enero de 2018 en una más que grave vulneración del marco jurídico establecido, que abiertamente exige que todos los machos reproductores deben poseer un 100% de sangre racial Ibérica o Duroc, y en ambos casos deben de estar inscritos en sus correspondientes Libros de Registro Genealógico junto con sus ascendientes.

Además, en una clara demostración de deslealtad, con los irrenunciables principios de actuación doctrinal que proclaman los propios regidores y funcionarios del gabinete Ministerial de Coordinación de la Norma de Calidad del Ibérico, (Agricultura recuerda que si se quiere hacer mención a una raza en una norma de calidad, los animales deben referirse a aquellos inscritos en el correspondiente Libro de Registro Genealógico de la misma) producen pasmo las arbitrarias maniobras que consuma impunemente Agricultura, y que trasmiten la sensación de que en realidad cualquier reglamentación se puede esquivar y eludir -mediante la extensión de una simple ‘encíclica’ con sello ministerial que convierta la Ley en auténtico papel mojado- si los rectores de ASICI así lo desean.

La nueva junta directiva -aún en sus albores- se ha marcado como una de las principales metas de su mandato “el retomar el blindaje del término ibérico”.

Este confeso propósito, declarado ahora como prioritario, -sin importar a nadie que hasta la fecha varios países hayan llenado ya sus granjas con ejemplares nacidos de reproductores de raza pura, sacados de España por la manifiesta impericia de nuestros gobernantes, y sus obradas producciones luzcan con orgullo la raza ibérica en todas las etiquetas de marca corporativa-, presagia un apocalíptico futuro para la subsistencia del auténtico cochino de la pura raza ibérica.

En este punto crucial, importa señalar que los rectores de la nueva cúpula dirigente de ASICI no tienen ninguna intención efectiva de obtener el blindaje comunitario para una específica, milenaria y reglada raza pura, que en directa relación con un ecosistema productivo único como la dehesa, conforman un binomio indivisible e interdependiente. Lo único que verdaderamente ambicionan, es conseguir que Bruselas integre y extienda la denominación racial de ibérico, -bajo el abrigo de un sello comunitario de calidad diferenciada-, para todas las producciones híbridas, (tipificadas en su gran mayoría como de 50% raza ibérica) recluidas en cientos de macrogranjas a lo largo y ancho de la geografía peninsular, para confortar las exigencias del hegemónico y voraz conglomerado de industriales y ganaderos cruzadistas -con poder suficiente para hacer prevalecer sus estrictos criterios e intereses- que copan las sillas más representativas de su junta directiva.

Semejante idea/engendro nunca ha encontrado una positiva acogida en las plantas nobles del Palacio de Fomento, (sede actual del Ministerio de Agricultura). Destacados y cabales tecnócratas ministeriales, -que afortunadamente alguno queda-, admiten en privado el ridículo que causaría concurrir ante las instituciones europeas con un encargo tan descabellado y bipolar, que busca protección -bajo el mismo sello de calidad diferenciada- para los animales pertenecientes a una prestigiosa, reconocida y legalizada raza autóctona, y apropiándose del mismo término racial identificador, replicar idéntica credencial acreditativa para unos cochinos mestizos de sintética raza.

El mundo al revés, el soberano cerdo ibérico ‘desvalijado y degradado’ y en su lugar el ‘parasitario y sucedáneo’, socializado y haciendo caja.

Episodios de esta clase, vienen a poner de relieve lo alejados de la objetividad y de la realidad que están los obtusos regidores de ASICI y lo grande que les viene el cargo, ya que internamente están convencidos de que los funcionarios de Bruselas se rendirán incondicionalmente a sus exigencias, tan fácilmente como lo hacen sus fieles adláteres de la Mesa Ministerial de la Norma de Calidad del Ibérico, que no dan cuentas a otra efectiva Ley que no sea la del legendario oeste, es decir, la del más fuerte exhibiendo la sartén por el mango.

Pero esa estéril profecía, en un fiasco sin paliativos, les ha estallado en pleno rostro a los pretenciosos genios de la lampara de ASICI, que se han visto obligados a abrir los ojos a la cruda realidad que ha supuesto para los intereses de la interprofesional, la denegación del registro de la marca colectiva “jamones ibéricos de España”, al considerar la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, (EUIPO) entre otras razones, “que el uso de la marca colectiva solicitada por ASICI inducirá a error al público de referencia al pensar que tiene un valor de sello oficial o de garantía, expedido por las Administraciones públicas (…)”.

Una patronal sectorial entregada de manera autoritaria al ordeno y mando, -dispuesta siempre no a servir al ibérico sino a servirse del ibérico para obtener millonarias subvenciones de las diversas administraciones nacionales y comunitarias, que prolijamente gasta en promocionar los jamones sucedáneos del auténtico cerdo ibérico-, que no cabe someter jamás a ningún tipo de escrutinio, porque de lo contrario el díscolo que rehúse caminar por fuera de la estrecha senda marcada sufrirá el aplastamiento como castigo.

Mientras el panorama no cambie de raíz, seguiremos asistiendo a las delirantes contabilidades de cochinos de montanera, -vapuleadas y despreciadas por Elena Diéguez, en un claro síntoma de disensión dentro de la recién renovada junta directiva-, que por cientos de miles se registran engañosamente como de bellota con los precintos acreditativos dispensados por ASICI, a las millonarias cifras de animales híbridos artificiosamente filiados como de raza ibérica, (el verdadero caballo de batalla que lastra el sector) a la sempiterna administración de pienso a los animales en montanera, a la perenne adulteración de la edad de los animales híbridos de producción intensiva, y tantas cosas más.

A la interprofesional ‘alfa’ del ibérico le vendría bien quitarse la careta de una vez por todas, y entre las profundas y obligadas reformas estructurales que debe acometer el nuevo presidente, debería empezar por la más urgente e importante de todas: el cambio de nombre para la nueva ASICI, y dejar así meridianamente claro los intereses que viene a defender y a representar. ASICI tendría que ser catalogada y bautizada como la Asociación Sectorial de Industriales Cruzadistas Intensivos.

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