La temporada de riego (entre abril y septiembre) terminará este año con los embalses en una media del 40% e incluso algunas cuencas como la del Guadalquivir o la del Duero están al 35%, un nivel de agua disponible pequeño, por lo que el próximo año podría haber restricciones importantes si no llueve.

Así lo asegura a Efeagro el vicepresidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA), Joan Corominas, quien destaca que en España «no caben más regadíos», ya que el consumo medio de agua con destino a riego es «superior a las disponibilidades que tenemos», sobre todo, porque «los problemas de sequía se agudizarán».

El informe anual de la Agencia estatal de meteorología (Aemet) resume 2016 como un año muy cálido en España, con una temperatura media que superaba en 0,7º C a la registrada en el período de referencia 1981-2010; el sexto año más cálido desde el comienzo de la serie en 1965 y el quinto más cálido de lo que llevamos de siglo XXI.

Los embalses españoles están al 42,9% de su capacidad, muy lejos de la media de los últimos cinco años (60,9%)

Tónica que se ha repetido en el informe estacional para la primavera de 2017 y en la que se destaca que ésta ha sido en su conjunto seca, con una precipitación media un 23% por debajo del valor medio del trimestre, según el citado periodo de referencia.

El también ingeniero agrónomo, especialista en hidrogeología, regadíos y planificación hidrológica, ha explicado que España pasa por su segundo año de sequía y que es probable que 2018 sea el tercero.

Los embalses españoles están al 42,9% de su capacidad, según el Boletín Hidrológico del 29 de agosto del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama), porcentaje bastante inferior en comparativa anual (57,8%), así como si se tiene en cuenta la media de los últimos cinco años (60,9%).

Según Corominas, a lo largo del año se han registrado pocas lluvias, sobre todo en el noroeste; aún así, con excepción de la cuenca del Duero y del Tajo (sin contar con la del Segura que tiene un problema endémico de sobreexplotación), en el resto de las zonas se ha podido regar sin restricciones a pesar de dos años de sequía.

Corominas insiste en que si el próximo año no es lluvioso -«es fácil que así sea, porque son frecuentes tres años de sequía»- habrá restricciones importantes al regadío.

«Casi todas las cuencas tienen un exceso de extracciones respecto a los recursos disponibles», pero «se han seguido incrementando los regadíos y esto no se puede mantener, hemos explotado los recursos a tope», según el experto.

En España la agricultura usa un 75 % del agua para regar unos 3,7 millones de hectáreas, lo que supone un 17 % de la superficie cultivada que es capaz de producir más de la mitad del valor final de la producción agraria, detalla Corominas.

Advierten de que «no caben más» regadíos y que incluso en algún caso habría que «dejar de regar pequeñas zonas»

Hace un llamamiento para que las administraciones central y autonómicas, así como los regantes y agricultores estudien medidas para dar un uso más racional a un recurso escaso como el agua.

Los embalses están previstos para almacenar agua, de media, para tres años, con el fin de tener reservas en años secos, sin embargo, la realidad es otra y se «usa más agua de la debida y ese es el problema», ha apuntado Corominas. Hay que planificar, entre otros, los regadíos y los cultivos en la geografía española para disminuir el consumo de agua, ha insistido.

Excepto en alguna zona, donde se podrían estudiar nuevos regadíos por su impacto en el empleo y el desarrollo del medio rural, «no caben más» e incluso en algún caso, «de manera consensuada y con compensaciones», habría que «dejar de regar pequeñas zonas».

Esa planificación es necesaria y complementaria a las restricciones y no exenta de polémica, reconoce, pero «entre todos» los implicados es preciso buscar que el uso que se le dé al agua sea el «más beneficioso para la sociedad», sin perder de vista la riqueza que algunos regadíos crean en el rural.

«No todos los cultivos tienen el mismo nivel de producción y de empleo por hectárea. Hay que jugar con esos elementos y con las compensaciones», resalta, para que «nadie salga perjudicado, porque entre todos debemos esforzarnos para acomodar esa demanda de agua a la realidad de los recursos».

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